jueves, 14 de diciembre de 2017

HOY FIRMA: IKER JIMÉNEZ. "EL CIERRE DE IKER: LA ÚLTIMA LLAVE"


  
Aprenderás a escuchar en todas direcciones
y dejarás que la esencia del Universo se filtre por tu ser.


Walt Withman definió bien la labor del poeta. Dejar que el Universo se filtre en uno.

Que nos emplee como portavoces de unas fuerzas superiores que siempre han gravitado sobre la realidad.
Es cuando el poeta se convierte en medium.  Y da voz a lo incognoscible.
Como una antena biológica del Alma humana.

La poesía, a mi entender, es una expresión genuina del profundo misterio de la vida. Nos conecta y reconcilia con aspectos que conforman la esencia del Ser. Y en una época donde todos los estímulos tienden a despegarnos de la fuerza y la luz del Ser, la poesía se convierte en La Última Llave.
Es la llave necesaria, la clave que abre la cerradura cada vez más inextricable del enigma de la existencia.

Estoy convencido de que los chamanes de las cavernas, cuya presencia aún late en las oscuras catedrales de la humanidad, fueron los primeros poetas. Los primeros filtradores del universo en su ser. Y su poder mágico de transmisión les hizo individuos distintos y venerados.
El poeta siempre ha sido adorado e incomprendido al mismo tiempo. Eso no ha cambiado mucho. Se puede hacer poesía de diferentes maneras. Una composición. Una pintura. Una imagen. Es el poeta total un ser contradictorio y a contracorriente. Alguien que necesita expandir su luz, su esencia y su alma. Como si siguiera un mandamiento superior a la lógica dominante. Incluso aunque no crea en esas cosas aparentemente. La angustia y la gloria del Ser han buscado interlocutores aptos para manifestarse. Estoy convencido.

He aprendido poco a lo largo de casi medio siglo de vida. Es lo que tiene preguntarse acerca de todo. Pero entre la escasez de certezas existe una que es válida para mi trayecto. El Arte es la última puerta. La última conexión con lo que de verdad me importa. El último código para penetrar tras el telón de lo evidente. Y dentro de esa esfera del Arte, la poesía es esa llave que nos conecta con algo superior a nosotros mismos. Con algo difícil de nombrar, pero que rige el todo. Desde siempre.
La manifestación de la belleza de la realidad, o de sus oscuros recovecos, de la duda, la diatriba, del miedo, la inquietud y la fantasía, la épica, el valor y el Amor, no son sino la expresión traducida que brota del Ánima Mundi; de la fuerza primigenia, del vector que ha construido para nosotros este extraño sueño del vivir.

Ya casi nadie se pregunta por los rudimentos y mecanismos del milagro de la existencia. Son problemas que han acabado sepultados entre tomos polvorientos de facultades desiertas. Los filósofos se han vuelto en su mayoría racionales. Muchos teólogos y religiosos ya no sienten lo que dicen. Vivimos en el eclipse del Alma y la Trascendencia. Nos da miedo viajar a esos mundos. Aunque en nuestro foro interno sepamos que son tan importantes y quizá más reales que lo que consideramos real. Como los sueños, han acabado en una gigantesca papelera por su aparente inutilidad. Y no hay nada tan útil, seguramente. Pero hace tiempo perdimos el mapa. Las Sibilas, Chamanes, Poetas y Artistas han sido, en diferentes grados, los últimos depositarios de ese conocimiento fragmentado. De ese puzzle sobre el enigma de la vida que nos obliga con su fuerza a ser cantado y transmitido de nuevo. Por los siglos de los siglos.
Y por eso siempre habrá poetas.

Esta fuerza creativa es impulsada desde algún lugar ignoto, porque la necesitamos. Angustiosamente. Necesitamos saber que somos algo prodigioso. Algo milagroso. Algo fuera de toda lógica. Y necesitamos saberlo porque es verdad. Pues nada hay de lógico ni coherente en la existencia. Eso es lo fascinante.
Y esto ocurre hoy, a pesar de que nos hayan ido desconectando pacientemente de la raíz luminosa de estos mundos y que casi nadie se pregunte por el misterio de los misterios, ese que late en nuestros átomos- como bien decía Withman- y en las estrellas. Creemos entender algo, y estamos aún tan lejos.

La poesía, junto con un puñado de otras cosas, es una herramienta que nace de la misma fuente donde se gestó todo lo esencial. Brota con la fuerza del asombro y del maravillarse por el latido imparable e indescifrado de la vida. El Adn, una melodía, la sonrisa de un niño, el viento meciendo la llanura, un planeta que brilla a lo lejos, la noche, el rugido del mar… Ese es el eco eterno que retumba en nosotros, que nos eriza el vello, que nos sobrecoge un momento, que nos ilumina indicando que hay una armonía extraña en todo. Ese sentimiento poético,  aunque tantos estén dispuestos a extirpárnoslo, surge de algún manantial que es más importante que todo lo conocido. Y como todo lo esencial, es inefable, imposible de describir con meras palabras. Nos queda corto el propio lenguaje. Puedo dar fe de ello. Las palabras solo nos catapultan a otros significados internos, como links luminosos que pulsaran los códigos más secretos de nuestro yo.

La poesía que nos hace estremecer, que nos da una dimensión nueva de una emoción, que nos transfigura, es un canto del Alma. Y el Alma y su voz es el último gran misterio. Yo creo en él, por eso, en un gesto no exento de poesía, llamé así a mi hija. Con ese poderoso nombre. Como en una declaración de intenciones tal y como hacían los griegos. Porque el lenguaje y el símbolo también son un misterio y marcan nuestra vida.

Reconozco que sin entender de poesía, sigo sintiéndola como emisaria de algo que nos trasciende. De un mundo que está más allá de todo lo concebible. Y que nos pertenece. Y al cual pertenecemos.
Un reino más importante que la realidad aparente. Una luz a la que, creo, regresaremos.
Porque todo es un eterno retorno.
Pero mientras tanto, mientras llegue esa hora en la que viajaremos al núcleo del gran manantial secreto de la vida para poder comprender, creo que la poesía y el arte son camino válido de aproximación.
Son, no me cabe duda,  la última llave para la gran verdad.


No sé qué es esto.
Es algo que no se ha dicho nunca…..
Algo sin nombre que aún no está en el lenguaje ni en el símbolo.
Es algo que gira más que la Tierra en que yo giro
y me anuncia que la creación es el abrazo del amante que nos despierta.
Tal vez pudiera decir más.
Acaso este poema no es sino un expediente en que he abogado por todos…..
en el que he dicho, por ti y por mí,
que la muerte no existe,
que el mundo no es un caos…..
que es forma,
unidad…..
plan…… Vida Eterna…….. ¡Alegría!


                                                      Walt Withman



Iker Jiménez







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