sábado, 3 de junio de 2017

HOY FIRMA: PEDRO GASCÓN. "VIAJANDO A ÍTACA CON ÁLVAREZ"

VIAJANDO A ÍTACA CON ÁLVAREZ

Hacia mediados de la década de los 90, el poeta Ángel Aguilar me regaló un libro en su casa. Ese libro tenía ya una década desde su publicación. Un autor al que yo conocía por el libro de texto del antiguo (y bendito) C.O.U. y del que un gran amigo,  Miguel Úbeda, me hablaba en las tardes que pasábamos en el despacho de su padre mientras soñábamos a ser poetas o al menos a emborracharnos de lecturas. 


Ese libro era El escudo de Aquiles y su autor José María Álvarez, editado hacia 1987 por el también poeta Marcos-Ricardo Barnatán en aquella colección de Ediciones del Dragón. Por aquel entonces, Miguel, andaba siempre inmerso en la lectura de una de las ediciones de Museo de cera (creo recordar que la de Visor) y con algunas novelas como La esclava instruida de la que nos leía algunos pasajes de aquel erotismo sensual y bello.

Aquel era el primer libro que leí de Álvarez pero no la primera vez que había pasado por sus manos. Lo primero que recuerdo leer fue la traducción que realizara de Kavafis, en aquella bonita época en la que traducíamos del latín y del griego clásico y Grecia era el mito, la evasión de una adolescencia con toda su carga de miedos y ganas de comerte el mundo. Recuerdo la primera vez que nuestra profesora de griego nos leyó Ítaca, justo cuando nuestro viaje casi comenzaba, en el que aún hoy continuamos.

Siempre presente, sin yo darme cuenta, a lo largo del tiempo, La esclava instruida contrastaba con los pasillos de hospital en las noches de enero de 2002, mientras mi padre me observaba con ojos de despedida. La esclava me evadió de aquella realidad igual que meses después lo hiciera La caza del zorro.

Hoy Museo de cera pernocta en la mesita de noche, una y otra y otra noche, entre otras lecturas, y Lawrence de Arabia. La corona de arena ha recibido una nueva realidad entre los chamanes de la estepa. Por todo ello, José María, por este tiempo vivido junto a mis ilusiones y miedos, pérdidas y proyectos, brindo contigo en este día tan especial, y gracias a estos Gallos (magníficos gallos míos, nuestros), agradezco tu presencia continua en este viaje a Ítaca, personal y a la vez colectivo. 

¡FELICIDADES, POETA! ¡SALUD!

Pedro Gascón


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