martes, 13 de junio de 2017

HOY FIRMA: MATÍAS M. CLEMENTE. "FESTIVAL POÉTICO FRACTAL: UNA MEMORIA VIVA"

FESTIVAL POÉTICO FRACTAL:
UNA MEMORIA VIVA


Podría empezar este recorrido acerca de la experiencia que ha sido Fractal, diciendo que un día de primavera, los astros y los planetas, unidos, se alinearon formando una línea sinuosa y mágica, y todo ello propició que unos poetas se reunieran y perpetraran un festival, bendecido así por el imperio del cosmos. Sin embargo, incluso como recurso, sería faltar a la verdad. Pero sería, ante todo, una desconsideración enorme hacia el elemento realmente generador e iniciático. Me estoy refiriendo a la voluntad, al ejercicio del querer hacer algo, al anhelo, a la gana. No hay nada más humano en nuestra condición que eso, que la voluntad. Decir, de manera hiperbólica, que Fractal empezó a cocinarse gracias a un hecho sobrenatural me parece falso, y no permite valorar el trabajo de las personas implicadas en su grado justo, en su grado humano.


Sí que hubo un día que recuerdo con mágica emoción. También que fue una primavera que está sellada a fuego. Y por descontado que las personas que aquella tarde se reunieron en torno a unos cafés son para mí astros a los que seguir como lo hacían los exploradores: Lucía Plaza, Andrés García Cerdán, David Sarrión Galdón y Rubén Martín Díaz (más tarde se uniría Javier Temprado Blanquer). Fractal arrancó de un afán de acción, en un lugar en el que la nada presenta cada tanto certificado de paternidad, pero que, paradójicamente, negándose a aceptar tal paternidad, no ha dejado de inventarse y reinventarse así mismo cada poco, dando frutos hermosos e imperecederos.

La Asociación Cultural Fractal ha realizado durante estos cinco años de Festival una cantidad babilónica de actividades, todas ellas con la poesía como eje central. Desde un principio, la idea de hacer un festival venía motivada, precisamente, por este carácter
vertebrador, que permitía extender la poesía hacia otras disciplinas, a pesar de que pudieran estar ya felizmente infectadas por el virus de la poeticidad. Nos apetecía mezclarlas a un nivel que resultara más tangible para el espectador; un nivel donde el poema fuera un elemento reconocible en esa simbiosis de disciplinas, y donde la poesía apareciera y volviera a aparecer con la misma fuerza, como si de un elemento fractal se tratara. No pretendimos en ningún momento llegar a hacer un festival de grandes dimensiones, algo como Cosmopoética, Eñe, o como tantos otros que conocemos, pero tampoco nos pusimos límites, sabiendo de la enorme valía de la gente que nos podía ayudar. La idea, probablemente, partió de un estado de entusiasmo a raíz del buen momento en el que se encontraba el género poético en Albacete, unido a la certeza de que en otras disciplinas existía tanto o más talento. 

El resultado no pudo ser mejor, cinco años en los que artistas de toda España han aceptado y querido estar presentes, y ayudarnos con sus trabajos y con su disponibilidad. Hemos tratado con videocreadores, pintores, ilustradores, fotógrafos, escultores, actores, músicos, performers, que han dejado a un lado lo que estaban haciendo para prestarnos su tiempo y su trabajo. Todo hecho desde la participación altruista, desde la certidumbre común de que el movimiento tectónico era necesario, de que, si todos poníamos algo, la grieta que se abriera en la mente del burócrata institucional, sería gruesa y profunda.

Plantear una discusión acerca de las obligaciones de las instituciones tampoco es el motivo de esta pequeña memoria, que entiendo más celebrativa que otra cosa. Sin embargo, no quiero tampoco dejar de hacer mención a la irrisoria ayuda que hemos ido recibiendo todos estos años. Nos vimos obligados a hacer un festival, con un presupuesto que, en cada una de sus ediciones, nunca pasó de las tres cifras (El algoritmo es sencillo de descifrar), con lo que los recursos monetarios, aparte de los cardíacos, también fueron sacados de nuestro bolsillo en más de una ocasión. Toda esa enorme cantidad de dinero para implicar directa o indirectamente a más de 50 artistas cada año. Eso nos llevó a autodenominarnos en ocasiones, de forma irónica, Festival lowcost, apelativo del que yo personalmente me arrepentí, ya que, incluso el apelativo lowcost, encierra una estrategia mercantil de la que se lucran los promotores, y nosotros, ni ganamos dinero, ni ahorramos costes en la calidad de lo que ofrecimos.

Como todo inicio, fue complicado. Muchas entrevistas y poco fruto. Recuerdo una visita junto a uno de mis compañeros, con un gerifalte de El Corte Inglés, en la que nos dijo con un tono muy cordial “Puedo empapelar todas las entradas de la ciudad con nuestro logo, sinceramente no lo veo muy provechoso”. Supimos entonces que tendríamos que tirar de las sinapsis que crea la amistad, y los lazos que automáticamente se van formando entre los que aman una disciplina, una vez más, como un fractal. Y así lo hicimos. Los locales de Albacete, siempre disponibles, hicieron de nuevo de grandes mecenas. La poesía estaba, de nuevo, además de en las salas polivalentes, en los bares.  

Ya antes de comenzar tuvimos que escuchar algunos hilos acerca de nuestras supuestas pretensiones, sin embargo, sabíamos que nuestra motivación era -perdonen la presunción- tan noble, estábamos tan seguros de que solo pretendíamos sumar, que entendimos que solo las mentes más pacatas, podrían tomar esto como algo negativo. Sabíamos que nuestro cometido era recoger, agrupar, mostrar y sumar. Afortunadamente, desde el primer día, toda la ciudad se mostró entusiasmada junto a nosotros, y los poetas que nunca se habían juntado en torno a una mesa, lo hicieron, y aquellos que no se conocían, se conocieron, y aquellos que entonces no sabían si querían escribir, escribieron. Ese fue el mayor de los logros.

Las ediciones que sucedieron a la primera no cambiaron en cuanto a nuestras intenciones. Si bien, la experiencia primera nos enseñó algunas cosas, que tratamos de mejorar, y nos llevó consecuentemente hacia otros errores. Tan humana es la voluntad, que decía antes, como el error. Nos hubiera gustado, por ejemplo, haber tenido más recursos y más tiempo para mimar como se merecen a los artistas. Sin embargo, en conjunto, el resultado ha sido siempre maravilloso. Hemos realizado ediciones de antologías, la primera de ellas, El llano en llamas, con 48 firmas de poetas que son considerados una muestra latente de la poesía española contemporánea; la segunda, Una generación de fuego, basada en una muestra profunda de 15 poetas de reconocida obra. Llevamos a cabo la creación de un premio de poesía extremadamente limpio y honesto, y en el que hemos defendido la pulcritud hasta el extremo, alejándonos de los fallos casi hasta la ausencia, y dejándolo desierto, por convicción, cuando no ha habido trabajos merecedores, de ahí nacieron las ediciones de Insomnio de Antonio Rodríguez Jiménez, Armonía en rebelión de Luis Alfonso Iglesias Huelga, o el último de los premios Movilidad Exterior de Carlos Mazarío. Creamos una sección de videopoesía que se convirtió en un clásico dentro del Festival Internacional de Cine Independiente de Albacete Abycine; muestras de fotopoesía, en las que cada año variábamos el orden de los factores, haciendo unas veces que la foto naciera de un poema, y en otras ocasiones, al contrario. Incorporamos ya en la tercera edición una sección infantil, donde los pequeños pudieran disfrutar de la poesía, y de sus sugerencias vitales. Exposiciones de pintura de artistas inmensos, que pintaron también para el poema, esculturas que bailaron rodeadas de poesía en el Museo Provincial, exposiciones de libros de artista, colaboraciones didácticas con la Escuela de Arte de Albacete, donde se hicieron talleres de diversas disciplinas, y de donde todavía hoy, están saliendo geniales colaboraciones. Flamenco, Folk, Slam poetry, mesas de debate, revistas, cañas poéticas, ilustración en directo, carteles, catálogos, videos, risas, hermandad, complicidad, calor, frío, y poesía, mucha poesía.  

En definitiva, un trabajo cada vez más inabarcable, seguramente por el hecho de que dejó de ser de nuestra titularidad, para ser de muchos espectadores que cada año pedían y proponían más. Fractal empezó a ser esperado cada otoño, como una cita ineludible con la gestión de la piel, como un encuentro con la administración cercana y básica, que sale de la parte de la poesía que se calza con esparto, y no con la suela del boato, ni con la organización rutilante que convierte al poeta en un prócer alejado e inalcanzable. Ese requerimiento nos dejó exhaustos, ya que el tamaño, como saben, sí importa, y en este caso los recursos ya no eran suficientes. El respeto hacia la pelea que habíamos llevado a cabo no nos permitía dar un paso atrás. O adelante o nada. Y así hasta ahora, que Fractal va dando pequeñas muestras de vida, pequeños reflejos de su condición, para quién sabe si algún día, renacer como aquel gran festival que tuvo el lujo de aunar a todos y a todas, entorno a la poesía y a una ciudad que crece, afortunadamente y se aleja de esa nada de la que parece ser que nació.

Empresas, iniciativas y proyectos honestos y preciosos como “El peligro y el sueño”, “Poesía viva”, “Sindrome de Stendhal”, “Chamán Ediciones”, “Café del Sur”, “Indiano” en su momento, “Popular Libros”, “Librería Circus”,” La Leche Militina”, “La Casa Vieja”, y tantas otras que me dejo de manera inconsciente, hacen que Fractal siga vivo en la mente de los organizadores, si bien no como festival, sí como una actitud latente, y refuerzan la idea de la que nació el festival aquel día de primavera: “El llano está en llamas y ese fuego tenemos que propagarlo”. 


Matías Miguel Clemente

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