miércoles, 31 de mayo de 2017

HOY FIRMA: MAI OSAMA. "LAS PALABRAS Y COSAS DE MUSEO DE CERA"

LAS PALABRAS Y COSAS DE 
MUSEO DE CERA*



Tanto se ha escrito, teorizado y versificado sobre la poesía. No sólo filósofos, lingüistas, psicólogos, críticos literarios han sentido fascinados por ella; hasta informáticos han desarrollado algoritmos para la creación automática de poesía[1]. Cada verso nuevo suscita ondas de investigación; de la misma forma que al lanzar una piedra al agua, se forman círculos concéntricos. 





Por el hecho de que la Poesía es infinita
Y se confunde con la suma de las criaturas
Y no llegará jamás al último verso
Y varía según los hombres.
                                                             
(“Otro poema de los dones”, Museo de Cera, pág.593)


De todo lo que he leído como lingüista e investigadora –admitiendo que conforme uno se avanza en la lectura de la producción académica, se hace más consciente de lo mucho que le falta por leer– es en las posturas de Foucault ante el lenguaje y la expresión poética que se manifiesta la singularidad del Museo de Cera de José María Álvarez. Si partiéramos de que “en su forma primera, tal como fue dado por Dios a los hombres, el lenguaje era un signo absolutamente cierto y transparente de las cosas”[2], la expresión poética podría verse como una forma de proyectar la distancia entre la palabra y la cosa que designa.  

Asimismo, según Foucault, la destrucción de ese lenguaje primero, debido al balbuceo de Babel, resultó en la emanación de las lenguas que “tienen con el mundo una relación de analogía más que de significación”[3]. Desde luego, son los poetas los que captan, con su imaginación e inteligencia, aquellas relaciones de semejanza entre las cosas –conceptos u objetos–  aparentemente separadas o hasta contradictorias en el uso lingüístico convencional y cotidiano del mundo real.


Tan elegante, o más, que ese ámbito excelso
el ánima del vate, fastuosa, divina,
trata de hallar metáfora eminente
que por los siglos de los siglos
recreando esta hora, maraville
por su exquisita inteligencia y lucimiento
sin distinción de clases, razas, lenguas.
  
(“En la estancia de oro”, Museo de Cera, pág.89)

La exaltación de la tradición clásica, elemento clave de la producción poética de Álvarez; esa búsqueda minuciosa de todo pensamiento original y la palabra originaria para que sean registrados junto con los versos que aquéllos le hayan inspirado, evocan, quizás, los rastros de aquel lenguaje primero; la persecución de aquella equivalencia perfecta entre signo y significado. En el poema VIII de Nocturnos, por ejemplo, Álvarez dice: “He viajado tanto, y amé tan pocas mujeres./ También yo he conocido/ La mélancolie des paquebots, les froids réveils/ Sous la tente,/ L’étourdissement des paysages et des ruines”[4] donde las famosas líneas narrativas de Gustave Flaubert, aparte de ser una expresión prosaica original, adquieren un valor adicional como si fueran un término, insustituible, intraducible e inmejorable, acuñado por Flaubert – y reutilizado por Álvarez – que designa cierto aire, cierto estado de ánimo, cierto tono de la melancolía, del frío y del aturdimiento.

También nosotros seremos olvidados,
y el sentido de nuestros versos
mil veces modificado. Dónde, cuándo
y en qué idioma será por fin reconocido
aquello que dijimos...

(“Elogio de la Embriaguez”, Museo de Cera, pág.323)


Los lectores de Museo de Cera quizá no coincidamos en nuestra valoración del libro, pero estoy segura de que, aunque procedamos de países diferentes, de lenguas y culturas distintas, nos hemos identificado con alguna palabra, verso o poema del libro. Puesto que José María Álvarez, poeta políglota y perspicaz, ha conseguido atravesar/conquistar barreras lingüísticas y culturales; minimizando la distancia entre la palabra y la cosa que designa.

Y por más de mil noches
ella entretuvo al Rey
con tan prodigiosas narraciones
que poco a poco fue trocando
su odio en olvido,
hasta que comprendió
que si él era la cima
del mundo (como así debe ser),
más alto estaban
la inteligencia, la imaginación,
la compañía de la belleza
y la clemencia.

(“Belleza oriental”, Museo de Cera, pág.584)




Ocho palabras, una sola metáfora compuesta, revelan la esencia de nuestra experiencia vital:

He buscado en jardines remotísimos la flor perfecta.

(“Nocturnos (VIII)”, Museo de Cera, pág.628)

¿A quién no le tocarían el alma?


Mai Osama




*Cualquier mención que se hace de Museo de Cera, en este artículo, se refiere a la segunda edición de la obra (2016) que se encuentra disponible en la página oficial del poeta José María Álvarez (http://www.josemaria-alvarez.com/) 

[1] Agirrezabal, M., Arrieta, B., Astigarraga, A., y Hulden, M. (2013). POS-tag based poetry generation with WordNet. 14th European Workshop on Natural Language Generation, (págs. 162-166). Bulgaria. Obtenido de http://www.aclweb.org/anthology/W13-2121
[2] Foucault, M. (1968). Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas. (E. C. Frost, Trad.) Siglo XXI Editores, págs.44-45.
[3] Ibid., pág.45.
[4] Álvarez, J. M. (2016). Museo de Cera (2dª ed.). Sevilla: Editorial Renacimiento.

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