martes, 29 de noviembre de 2016

HOY FIRMA: ULISES HUETE. "ARTE POÉTICA DE CARLOS MARTÍNEZ RIVAS"


Arte Poética de Carlos Martínez Rivas



Conviene ser rico en oposiciones, pues sólo así se es fecundo; 
para conservarse joven es preciso que el alma no descanse, 
que el alma no pida la paz.
Nietzsche






Carlos Martínez Rivas (Guatemala, 1924-Nicaragua, 1998). Uno de los más destacados poetas nicaragüenses. Publicó El paraíso recobrado (1943) y La insurrección solitaria (1953). Póstumamente se publicaron Infierno de Cielo y antes y después (1999), Poesía reunida (2007) y Como toca un ciego el sueño (2012).


La expresión lingüística  utilizada en la escritura de poemas es la más depurada de un lenguaje. Es cierto que existen escritos en prosa como cuentos, novelas o ensayos literarios, que han sido elaborados con estimable severidad, pero es en el poema donde el lenguaje alcanza niveles insospechados de expresividad e intensidad significativa porque en la prosa privan la narración, la descripción, la exposición o la argumentación entre otros elementos, mientras que en el poema priva la utilización del lenguaje con un fin expresivo, es decir, estético. Al respecto, afirma Benedetto Croce: “Nos parece lícito y oportuno definir la belleza como expresión lograda o, mejor aún, expresión sin más, ya que si la expresión no es lograda, no es expresión” (Croce citado por Abbagnano, pág. 205).

Sin embargo, surge una pregunta necesaria: ¿qué criterio nos indica la existencia de “la expresión lograda” o la belleza en un poema? No puede ser el gusto solamente, ya que el gusto cambia con el tiempo, el gusto es producto de la repetición, no es espontáneo, ni es el resultado de una indagación personal en la mayoría del público y en muchos casos lo define la moda del momento, por lo tanto es un criterio superficial para calificar una obra literaria. El criterio es otro, el criterio es el abandonarnos al poema y tratar de “ver” las cosas como nos la propone el autor. Abandonarnos en el poema significa que nuestro espíritu se deje llevar por la visión que nos muestra el poeta. Pero esta visión de las cosas a través del poema es el efecto o resultado de la composición del poema, de su estructura.

Los poemas son como un lente que nos enfoca un aspecto, o muchos simultáneamente, de un objeto o varios. Este lente ha sido diseñado y estructurado para modular de otra forma nuestra visión espiritual y apartarla de su condición habitual. Los asiduos lectores de poemas comprenderán bien esto.

La estructura en los poemas de Carlos Martínez Rivas es la piedra de toque con la que logra expresividad, es la que hace de sus textos obras poéticas, porque la expresividad o belleza poética tiene un carácter construido: “Las creaciones del hombre -dice Paul Valéry- son hechas en vista del propio cuerpo -principio que denomina utilidad- o en vista del alma y esto lo busca bajo el nombre de belleza.”(Valéry citado por Abbagnano, pág. 206) Para Valéry la poesía tiene un carácter constructivo, de instigación o acicate para la creación, y la belleza un carácter construido, es decir, de producto, de obra, de resultado. Por lo tanto, el criterio que nos indica la belleza o expresión lograda de un poema es su composición, su estructura.

La concepción de la poesía, la creación y el poema, es decir, el arte poética de Carlos Martínez Rivas, está expuesta como oposición entre tradición y creación porque el poeta se enfrenta al gusto popular y elitista con una estética personal, individual. Duda de la legitimidad del arte tradicional, porque si el arte “es permanente anhelo de algo distinto”, como nos advierte Friedrich al caracterizar la lírica moderna (Friedrich, Hugo. Estructura de la lírica moderna, pág.185), la tradición no puede ser el modelo a seguir por el artista joven, ya que ésta ha sido asimilada por la sociedad y se ha vuelto hábito, repetición, lugar común.

En vez del camino de la tradición para poder crear, el poeta propone salir a “reposar en lo inseguro” porque “La Juventud no tiene donde reclinar la cabeza”. El poeta identifica juventud con búsqueda y creatividad.  Lo “inseguro” es una definición negativa con respecto a lo “seguro” que es la tradición. Lo “inseguro” es búsqueda, experimentación. Esta búsqueda es libertad del espíritu. Ante la repetición o el lugar común, la elección por lo genuino y distinto, lo singular, la elección por la búsqueda, es la apuesta del poeta.

A partir de esta oposición entre tradición y búsqueda, Martínez Rivas delinea la estructura de estos poemas y los principios de la creación y de su objetivo: el crimen perfecto, el poema.

Hugo Friedrich, en La estructura de la lírica moderna, nos dice que: En las manifestaciones de tipo literario, “estructura” significa una trabazón orgánica, una comunidad tipificable de cosas distintas.” Existe una idea común que configura la concepción poética de ambos textos: la oposición entre tradición y creación, mencionada antes, y que tiene su expresión en la yuxtaposición fragmentaria de diversos asuntos.


Memoria para el año Viento Inconstante

Este poema está compuesto por dos movimientos, en el sentido musical de variación de tono y ritmo. A su vez, cada movimiento está compuesto por una serie de asuntos. En la primera parte, el hablante poético expresa su negativa a realizar una obra maestra, menciona con ironía la actitud de los “oficiantes del arte consagrado” (Lovo, Anastasio. Soles de Eternos Días, pág.208) hacia la obra maestra en música y en pintura y, al final, se refiere ontológicamente a la obra maestra, siempre con ironía, como “el holocausto del propio ser…” En este movimiento, el autor toma distancia en cuanto a las estimaciones culturales de sus supuestos interlocutores:

Sí. Ya sé.
Ya sé yo que lo que os gustaría es una Obra Maestra.
Pero no la tendréis.
De mí no la tendréis.
            
Aunque se vuelva, comentando, algún maestro
del humor entre vosotros. -Poco trabajo le costará cumplir...-

*************************************************
Gran día para vosotros.
Ese de la Obra Maestra.

Una antigua necesidad: el holocausto
del propio ser. El deseo
de imponeros algo perenne y tribunal.

Y otro. Más rabioso,
más trémulo: el deseo de tener un pasado.
Un pasado por fin que oponer al maldito presente.

Un pasado adornado con todas sus plumas.
Con su perspectiva de adecuada jerga,
con sus categorías históricas y su problematismo crítico-cultural

precisado en función de una radical revisión de...

Y la larga, accidentada, alucinante teoría de los géneros y los estilos.

Inicia el segundo movimiento con el siguiente cambio: el autor ya no se dirige a los “oficiantes del arte consagrado”, parece que se habla a sí mismo presentando con un tono objetivo diversas imágenes. El asunto tratado es la realidad cambiante del mundo en el tiempo exterior al ser humano y la realidad espiritual cambiante del ser humano en su tiempo interior, pero siempre más agitado el cambio en la espiritualidad humana que en la materialidad del mundo.

El hablante poético se nombra a sí mismo como “…sagaces hijos del siglo…, Alertas centinelas…, Celosos polizontes…” que “velarán” ese esencial cambio de la espiritualidad en el tiempo interior humano. Aparece un contrapunto con respecto a lo anterior pues incluye también como una opción propia la renuncia al cambio, la abdicación de su realización interior. El autor identifica la captación del instante vital y genuino con la elaboración de un lenguaje distinto, no “estéril y ameno”, es decir, no un lenguaje desgastado ni convertido en buen gusto por el uso. El objeto poético, al igual que el impulso creador y el poema por hacer, y que va haciéndose porque lo vamos leyendo y diciendo a medida que avanzamos en este texto, no reposa en lo “seguro”, sino en lo “inseguro”, en la búsqueda de lo singular, de “lo que todavía no es cierto.” De aquí en adelante, hasta el último verso del poema, esta propuesta, “lo inseguro”, es abordada y desarrollada con sucesivas imágenes de fulgurantes significaciones:

Ningún lenguaje estéril y ameno brutalizará
los reciéncapullos, los brotes del presente
que asómanse predicando lo que todavía no es cierto.
La fina sombra de una lanza llena de tacto
guardará el paso cálido, distinto al anterior, casi indecente
de una pulsación de segundo. El milagro
de un entendimiento súbito entre dos sangres extranjeras.

Aceptaremos sin entender cualquier discordancia:
el más aprendiz de los palmoteos
el más inventado de los borbollones.

Porque de lo seguro salimos a reposar en lo inseguro.
En lo peligrosamente sesgado como doncella
cortante veloz como desde un puente. Del puente
a lo escapado a lo demasiado huido a lo frío
saltamos
¡impacientes!

El título del poema nos sugiere un registro de lo cambiante, de la agitación que se inmoviliza en un instante, entre un momento y otro momento, y muestra aspectos insospechados de la realidad del mundo, pero sobre todo, de la realidad interior del ser humano: Memoria para el Año Viento Inconstante.


Retrato de Dama con Joven Donante      

Este poema se compone de cuatro partes o movimientos. Como en el poema anterior, mencionaremos los asuntos que conforman el poema. En la primera parte el autor expone su visión de la juventud como un modo de ser, un estado de inquietud espiritual necesario para la creación, de una juventud en contraposición al mundo cultural socialmente aceptado:



La juventud no tiene donde reclinar la cabeza.
Su pecho es como el mar.
Como el mar que no duerme de día ni de noche.

Lo que está en formación
y no agrupado como la madurez.
            
Como el mar que en la noche
cuando la tierra duerme como un tronco
da vueltas en su lecho.

Después de plantear su visión de la juventud, de “Lo que está en formación”, muestra su punto de vista de la “madurez”, del “aprender a sentarse”, del “Empezar a tener una cara”, de lo “seguro”, del lugar común, del hábito, de la repetición. Al final de esta parte opone la imagen de otra especie de hombre, de artista, Van Gogh, hombre que no tiene el perfil higiénico de Míster Carlyle, Don Pío Baroja o Ralph Waldo Emerson. Define la relación creadora de los pintores con respecto a la Naturaleza y a un mundo social que es “plástico, supermodelado y vacío”:

¿Y si fuera otra cara la verdadera y no ésta,
sino la otra, la mal hecha, la que no se parece
y es distinta cada vez? La del Hombre
del Trapo en la Cabeza, el que se cortó
la oreja con una navaja de afeitar
para dársela a la menuda prostituta?

Pero él fue solamente un pintor. Uno
entre los otros espantapájaros, minúsculos
en medio del gran viento que choca contra el cielo,
empeñados en añadir un paso más a la larga cadena.

Ocupados en cambiar la Naturaleza, como las estaciones.
Rehaciendo y contrahaciendo el rostro del mundo. El rostro
del vasto mundo plástico, supermodelado y vacío.
           
En la segunda parte yuxtapone diversas imágenes sugerentes para “denunciar/ algo sin un significado cabal pero obcecado en su evidencia”. No afirma ni niega nada, sólo presenta las imágenes con un sentido reticente. Esta es la parte más hermética del poema. Luego, vuelve con su visión crítica de “El mundo plástico, supermodelado y vacío”. En la tercera parte el alma del hablante poético se siente impotente para “la ira y la infamia” ante una imagen de pesadilla:

La ola de la Tonteríala ola
tumultuosa de los tontos, la ola
atestada y vacía de los tontos...

Luego aparecen dos imágenes más sobre su alma pero en otras relaciones. Irrumpe el recuerdo del hogar y la infancia expresado con imágenes que insinúan rencor y remordimiento. Las monótonas apariencias del mundo que ocultan la nada son interrumpidas por una presencia. Termina la tercera parte y al mismo tiempo inicia la cuarta y última del poema.

La cuarta parte es esencial. El autor nos habla solamente de la poesía, nos dice en un lenguaje de alta tensión lírica sus percepciones de “La Nada Femenina”, de la otredad. Esta última parte es el Retrato de Dama:

La nada femenina. Allí,
aún sin aletas y sin ojos
un caos se defiende, más
cerca del huevo que del pez.

Mordiente sol, limón de oro,
virginidad aceda. Es
la mujer, golpeando, matando
con su pico al hombre cálido.
Su pico de vidrio. El de hielo.

Púdica, insípida y hostil
con la terquedad espantable
y pacífica de la luz.

La nada femenina. Sola
ante lo último, lo límpido
donde lo resistente es nácar.

Piedra vestida por la sombra
y desnudada por el sol.


La estructura de los dos poemas es de yuxtaposición fragmentaria de asuntos, es decir, no tienen un tema dominante que se desarrolle en todo el texto y la distribución de estos asuntos no obedece a ninguna relación formalmente causal. Esta aparente arbitrariedad en la yuxtaposición de tópicos contrasta con la severidad y pulcritud del uso de las figuras literarias. Los asuntos así dispuestos generan tensión en la mente del lector por sucederse sin ninguna explicación. Y el dominio de las figuras literarias genera un efecto subyugante por lo vigoroso del ritmo y del estilo carlosmartineano. En este rasgo de los poemas se realiza la “inquietud” buscada, la manera poética que es voz genuina surgida de la vitalidad de lo instantáneo.

El asunto de la obra maestra en Memoria para el año viento inconstante es tratado con el mismo enfoque crítico con que se aborda en Retrato de dama con joven donante la imagen de los escritores mencionados. La obra maestra junto con Carlyle, Baroja y Emerson simbolizan la tradición que es una forma cerrada para el arte, en cambio, para Martínez Rivas el arte es entendido como búsqueda y creación singular, en oposición o divergencia a la manera desgastada y trivializada por la sociedad. Esta actitud crítica hacia la cultura socialmente puesta en pedestal es uno de los rasgos característicos de la concepción del mundo de Martínez Rivas.

La otra cara de la moneda es la identificación de la juventud con una actitud que no busca el sosiego ni la quietud porque son abdicación de ser o simbiosis con un sistema de valores paralizantes para un espíritu anhelante de lo distinto. Esta actitud vital y artística busca capturar poéticamente el instante vital que brota de la cambiante espiritualidad del ser humano y del también cambiante mundo exterior.

La búsqueda propia del espíritu joven de un lenguaje diferente sólo puede realizarse fuera y en contra de los convencionalismos culturales, por lo tanto, crítica a lo establecido y búsqueda de lo diferente, de lo otro, en lo fugaz, es la estética que plantea en estos poemas Carlos Martínez Rivas.



Poemas de Carlos Martínez Rivas comentados en el ensayo, pertenecientes al libro 
La insurrección solitaria (1953)



Memoria para el año viento inconstante

I
Sí. Ya sé.
Ya sé yo que lo que os gustaría es una Obra Maestra.
Pero no la tendréis.
De mí no la tendréis.

Aunque se vuelva, comentando, algún maestro
del humor entre vosotros: -Poco trabajo le costará cumplir...-
Aunque sepa hasta qué extremo las amáis.

Sé cómo amáis la Música.
No la de los negros, por supuesto. Ni la guitarra
a lo rasgado, por tientos, esa
brisa seca de uñas y plata. Ni el endiablado
son de la Múcura que está en el suelo, o Rosa de Castilla
con su largo alarido al comienzo...

sino ¡BACH!
Últimamente sobre todo Juan-Sebastián Bach.

Yo os he visto alzar la tapa de la discoteca,
oyendo en vuestros sagrados depósitos
de música estancada cómo cae
el Concierto, y tirar de la cadena
purificados por el suceso musical puro.

¡Con qué libertad respiráis! casi voy a decir
que vivís como hombres por un momento. De tal modo
saboreáis el aire salado de la emancipación
al salir por la puerta, la puerta
giratoria y afelpada -que se traba- del Museo de Bellas Artes.

Y ya cerrarlo con doble llave.
Y haber cumplido con la tercera y última de las variaciones de las variantes
(de la Battaglia.
Irse sin dejar nada pendiente con la figura
que toca el pífano y el tambor en el Cristo de los Ultrajes de Grünewald.
En paz con el exigente Maestro de la Leyenda de Santa Úrsula.

Gran día para vosotros.
Ese de la Obra Maestra.

Una antigua necesidad: el holocausto
del propio ser. El deseo
de imponeros algo perenne y tribunal.


Y otro. Más rabioso,
más trémulo: el deseo de tener un pasado.
Un pasado por fin que oponer al maldito presente.

Un pasado adornado con todas sus plumas.
Con su perspectiva de adecuada jerga,
con sus categorías históricas y su problematismo crítico-cultural
precisado en función de una radical revisión de...
Y la larga, accidentada, alucinante teoría de los géneros y los estilos.


II

     Si no estuviera el otro. El difuso
terco mundillo del amanecer.
La pululante línea de la imperfección y el anonimato.

Más informe en el año del hombre y dudosa que
en el año exterior
los renacuajos moviéndose sin dignidad,
que la crisálida de una abeja en su célula
cuando no es sino un poco de saliva ciega y moho,
que esas medusas que olvida el mar
aún sin hacer, translúcidas al asco.

Ahí velaremos.
Como sagaces hijos del siglo.
Como el Iscariote, que no conoció almohada.

Alertas centinelas en la púrpura penumbra
del umbral. Celosos polizontes
con la diestra en la cartuchera de cuero al pie del sicomoro.

Cada hoja tendrá su guardián.
El más mínimo remolino de savia
el tiempo necesario de cumplir su revolución
su breve furor elipsoidal hasta pintarse
como un leopardillo y ya ni Salomón en toda su gloria

(o tendrá más tiempo: todo el vasto y soleado tiempo
de no cumplirla y abdicarse a sí mismo y perderse).

No es una amenaza.
Tampoco exageraremos.

Pero ni un solo murmullo será malogrado.
Ningún lenguaje estéril y ameno brutalizará
los reciéncapullos, los brotes del presente
que asómanse predicando lo que todavía no es cierto.
La fina sombra de una lanza llena de tacto
guardará el paso cálido, distinto al anterior, casi indecente
de una pulsación de segundo. El milagro
de un entendimiento súbito entre dos sangres extranjeras.

Aceptaremos sin entender cualquier discordancia:
el más aprendiz de los palmoteos
el más inventado de los borbollones.

Porque de lo seguro salimos a reposar en lo inseguro.
En lo peligrosamente sesgado como doncella
cortante veloz como desde un puente. Del puente
a lo escapado a lo demasiado huído a lo frío
saltamos
¡impacientes!

Y más si se quiere. Que el tránsito
de una burbuja nos sea viaje largo y fatigante.
Una piragua de papiro en el centro del remolino
es fortaleza,
chato torreón de piedra, ante el inseguro
inestable vacilante hogar
de un corazón inclinado al esbozo.

De un corazón de hombres dóciles flexibles vulnerables
como un colibrí es siempre un colibrí agudo ardiente rápido.
Y más hombres: los que llamaren. Como ese colibrí
es tantos diferentes colibríes agudos ardientes rápidos.
A cada arranque imprevisto ¡un nuevo colibrí sin memoria!

Agua fluctuante y pan preparado sin fatiga,
delicioso como agua desaprovechada que se mira correr
y riqueza no guardada para mañana (recibida prestada
en el viento escrita) agua
móvil como sólo ella sabe serlo y jirones de plata
donde ninguno se repite y de ninguno
es posible hallar vestigio...

Lo que a los planetas eternos les fue negado
y concedido a una chispa: ¡desaparecer! -Ese lujo-
dice el coro. Y vuelta a lo mismo:

de lo seguro para girar en lo inseguro
en lo ondeante adoncellado y con andares aptos para el  desmiembre
el date vuelta
en lo que como lomo de paloma amarillea
y ala untada de plata y gala de la mañana y que pasa
de nosotros con liberalidad projimal
o nos es quitado por asalto
o rechazado (arrebatado por rechazo) o birlado
vulgarmente
o registrado
chabacanamente destruido desplegado
con vocerrón devuelto
con las patas (¡y para nosotros gala de la mañana!)

pero que vuela saca las uñas duerme
vive ahí
-¿en dónde?- ¡aquí aquí en el entornado
desierto mundo del amanecer.
Y no domado dulcificado acorderado
bajo vellocino

sino amenazante!



Retrato de dama con joven donante


I

La Juventud no tiene donde reclinar la cabeza.
Su pecho es como el mar.
Como el mar que no duerme de día ni de noche.

Lo que está en formación
y no agrupado como la madurez.

Como el mar que en la noche
cuando la tierra duerme como un tronco
da vueltas en su lecho.

Solo.
Retirado a mi tos.
Desde mi lecho que gruñe oigo correr el agua.
Toda el agua que se oye pasar de noche bajo los lechos.
Bajo los puentes.

Las aves del cielo tienen sus nidos. Nidos curiosísimos.
Los zorros y las raposas tienen alegres madrigueras donde hacen de todo.
La juventud no tiene donde apoyar la cabeza.

Y rompe a hablar. A hablar. Toda la tarde
se la pasó el joven hablando delante de la mujer enorme.

Dejándola para mañana se le pasa la vida.

Y en la Pinacoteca de Munich, bajo el gran hongo, a la afable
sombra de los Viejos Maestros, o en la olla del placer,
derramando en el suelo su futuro
dice a su juventud, a su divino
tesoro dícele: -Sólo espero
que pases para servirme de ti.

Y aprender a sentarse.
Empezar a tener una cara.

Lo que hizo Míster Carlyle, el dispéptico.
Lo que hicieron Don Pío Baroja y su boina.
O Emerson ("...una fisonomía bien acabada es
el verdadero y único fin de la Cultura").
Y todos los otros Octogenarios,
los que no escamotearon su destino:
el propio, el que vuelve al hombre rocín
y acaba sólo gafas, hocico, terco bigote individual.

Los que llegaron hasta el final
y zanjaron el asunto y merecieron
un retrato en su viejo sillón rojo
calvo ya como ellos y hermoso.

Sentados para siempre. Fotogénicos.
Idénticos a su celebridad. Fijos los ojos
como si por encima del vano afanarse de la tribu
lo logrado miraran. ¡Lo logrado!

¿Lo logrado?

¿Y si fuera otra cara la verdadera y no ésta
sino la otra, la mal hecha, la que no se parece
y es distinta cada vez? La del Hombre
del Trapo en la Cabeza, el que se cortó
la oreja con una navaja de afeitar
para dársela a la menuda prostituta?

Pero él fue solamente un pintor. Uno
entre los otros espantapájaros, minúsculos
en medio del gran viento que choca contra el cielo,
empeñados en añadir un paso más a la larga cadena.
Ocupados en cambiar la Naturaleza, como las estaciones.
Rehaciendo y contrahaciendo el rostro del mundo. El rostro
del vasto mundo plástico, supermodelado y vacío.


II
           
            Aludo a,
trato de denunciar
algo sin un significado cabal pero obcecado en su evidencia:

el árbol con piel de caimán.
La esponja con cara de queso de Gruyere,
y viceversa.
El viejo de la esquina, el que vende cordones para zapatos,
peludo de orejas, animal raro,
Nabucodonosor amansado.
Una lora en su estaca moviéndose
peculiarmente. Mostrándonos su ojo
viejo, redondo, lateral.
Los moluscos, temblorosa vida
en la canasta que contemplan
tan serios el niño y la niña.
El perro en la cantina, debajo de su mesa favorita,
temible a causa de su bozal.
Un par de hombres solitarios bañando un caballo
con un cepillo grande a la orilla del mar
en una perdida costa pequeña y abrupta.
Los grandes bueyes lentos de fuerza y peso,
cargados de su propio poder, y los caballos
pastando con sus cuellos inclinados igual que las colinas...

Todo incomprensible (en apariencia) o idílico, pero inasistido,
no azotado por el error, vivo dentro de un cero
en la impotencia de lo sólo evidente.

El mundo plástico, supermodelado y vacío.

Como un infierno ocioso,
abandonado por los demonios,
condenado a la paz.


III

            Pues si esta noche el alma.
Si esta noche quisiera el alma hundirse
en la infamia o la ira
hasta el fondo, hasta que el pulgar del pie
brille contra la roca en la tiniebla
del agua; y desde allí
intentara una vez más
bracear, cerrar los ojos,
hundirse aun más hondo, no podría.

La ola de la Tontería, la ola
tumultuosa de los tontos, la ola
atestada y vacía de los tontos
rodeádola ha, hala atrapado.

Inclinada sobre el idioma, sobre
el pastel de ciruelas, lo consume
y consúmese ella disertando.
Y danza. Pero no al son del adufe,
sí del castañeteo de los dientes
que agitados por el rencor y el miedo
producen un curioso tintineo.
Al son del ¡sún-sún! de la calavera.

Y súbito el recuerdo del hogar.
De pronto, como una espiga ardiente.
Como el sonido de un clarín de niño
en la traición, en las traiciones de las
que sólo el olvido nos defiende:
sólo otra traición del corazón
nos defiende. Y el pecado futuro,
ya en acción, zumbando desde lejos,
desde antes sabido, realizado y ceniza.

Hoyo, humo y ceniza. Es el desierto.
El sol huero, la arena y la pequeña
mata de llamas. A lo lejos, la nube
abstracta sobre la colina ocre.

Un pájaro atraviesa la tarde de borde a borde.

Una hoja seca araña el techo de zinc.

Un grifo vierte el tedio.


-Pero conocí a una dama.

IV

            Sola en principio y descastada
como un águila. El águila
de Zeus en el exilio, de
paso entre nosotros. El ruido
de sus garras sobre la mesa
y el ojo perspicaz. El ojo
que sólo ve, sin opiniones.

Así el suyo. Como el ojo
del ave: sin respuesta, puro
de voluntad óptica. Ojos
duros, pequeños y desiertos
delante de la ilimitada
extensión del yo varonil.

Rostro intemporal, zoológico.
Lleno de fanatismo, pero
frío, sutil, no sometido,
como escarabajo o bala.


Civilizaciones la han hecho.
Muchas estirpes habrán sido
necesarias delante de ella
como delante de los frutos
soles y siglos. Una hilera
de siglos como grandes filtros
para que al fin cayera -gota
pura- entre las fuentes públicas
y los hábitos de su raza.


No la dríada de los bosques
ni oréade, breve de seno,
oliendo el aire. No trirreme
a la luz de las olas. Ni algo
que el pueblo de Francia advertía.

Ni tocador lleno de dijes
fríos, colgantes como lluvia,

y revólveres relucientes
que enseñáronme tanto sobre
la naturales secreta
del níquel y el por qué las uñas
y lo dentado.
                                                  

                                                   Pero sí
algo que entró en el cielo excluído
de lo suficiente. Si algo
con la lógica de lo simple,
la forzosidad de lo perfecto,
la inteligibilidad
de lo necesario.

                                                       Ileso
eso se mueve en la tercera
rueda, nosotros aquí abajo
enronquecemos discutiendo.


Sin vacilaciones ni sombras.
Todo respuesta que el enigma
vano de la blancura oculta
y suplanta, el pecho ofrece
un fondo al rayo de la mano.

Tras la aislada frente monótona
(donde ensordece el apagado
barullo del mundo invisible)
se abre el perla, absorto, cóncavo
día solo de una mujer.


Es el interior de la concha.
La Nada femenina. Allí,
aun sin aletas y sin ojos
un caos se defiende, más
cerca del huevo que del pez.

Mordiente sol, limón de oro,
virginidad aceda. Es
la mujer, golpeando, matando
con su pico al hombre cálido.
Su pico de vidrio. El de hielo.

Púdica, insípida y hostil
con la terquedad espantable
y pacífica de la luz.

La Nada femenina. Sola
ante lo último, lo límpido
donde lo resistente es nácar.

Piedra vestida por la sombra
y desnudada por el sol.


                                            1949-50 -18, Rue Cassette, París



Bibliografía

-Abbagnano, Nicola. Diccionario de Filosofía, México, Fondo de Cultura Económica, 2000.
-Avilés, Jimmy. “Un ensayo de aproximación a La Insurrección Solitaria”, Ventana, Barricada, Managua 2 de Marzo de 1985.
-Avilés, Jimmy.”Apuntes”, Ventana, Barricada, Managua 1 de Agosto de 1988.
-Chow, Juan. “El infierno de la poesía”, Ventana, Barricada, Managua 13 de Octubre de 1984.
-Coloma, Fidel.  Revista Cátedra núm.3, Facultad de Ciencias de la Educación UNAN-Managua, 1992.
-Friedrich, Hugo. Estructura de la lírica moderna, Barcelona, Seix Barral, 1974.
-Martínez Rivas, Carlos. “La aislada, asidua labor de treinta años”, Ventana, Barricada, Managua 25 de Febrero de 1984.
-Martínez Rivas, Carlos. La Insurrección Solitaria, Managua, Editorial Nueva Nicaragua, 1982.
-Paz, Octavio. La otra voz: Poesía y Fin de Siglo, Barcelona, Seix Barral, 1990.
-Urtecho, Álvaro. “La figuración demoníaca”, Ventana, Barricada, Managua 13 de Octubre de 1984.
-Urtecho, Álvaro. “Reflexiones sobre un poema de C.M.R.”, La crónica literaria, Managua del 12 al 18 de Abril de 1989.
-White, Steven. “Conversación con Carlos Martínez Rivas”,  La Prensa Literaria, La Prensa, Managua 19 de Junio de 1983.
-White, Steven. Martínez Rivas y Baudelaire Dos pintores de la vida moderna, Managua, Idiay-Textos, 1989.
-White, Steven. “Martínez Rivas habla", Nicaragua, Ventana, Barricada, 19 de Agosto de 1989.




Foto de Daniel Mordzinski
Ulises Huete es poeta, ensayista y periodista (Masaya, Nicaragua, 1978). Colabora en Carátula, revista de cultura centroamericana, y ha colaborado en Babelia, suplemento cultural del País. También ha publicado ensayos en el Hilo Azul, revista del Centro Nicaragüense de Escritores. Sus poemas han aparecido en las antologías Retrato de poeta con joven errante (2005), Cruce de poesía, el Salvador-Nicaragua (2006), Poetas, pequeños dioses (2006), revista Hispamérica, Universidad de Maryland, USA (2008), y en La Nación Generosa: 111 rutas al lado del mar (2015), de la revista La Galla Ciencia, España. Publicó crónicas y reportajes para la revista Magazine, del diario La Prensa, Nicaragua.


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