martes, 27 de septiembre de 2016

HOY FIRMA: JOSÉ LUIS PIQUERO. "POETAS DE LOS 90. JÓVENES Y SENSATOS"


POETAS DE LOS 90*


JÓVENES Y SENSATOS


En su artículo “Jóvenes y sensatos” (1), Emilio Quintana señala la existencia de un grupo de poetas jóvenes que, agrupados en torno a la revista jerezana Contemporáneos y al suplemento Citas de Diario de Jerez, constituyen el núcleo de una interesante, aunque no del todo nueva, corriente poética. Esta corriente o tendencia vendría a caracterizarse por el rechazo de las vanguardias, y de la irracionalidad como elemento válido en la concepción del poema, primando en cambio el sentido común y el dominio técnico. Serían asimismo rasgos definidores de su poética la sobriedad expresiva, el narrativismo y el tono coloquial.

Los nombres que Quintana sugiere como representativos (Juan Bonilla, José Mateos, Pedro Sevilla, Esther Morillas, José Manuel Benítez Ariza, casi todos gaditanos) no son los únicos. Nuestra antología pretende recoger una nómina más amplia  (y a la vez establecer algunos de los posibles rasgos de escuela) de este grupo de escritores que, herederos de una valiosa tradición, eligen entre las distintas opciones la de una poesía que busca el conocimiento a través de la expresión mesurada, en la que inteligencia y cultura sustituyen a los artificios de la inspiración y el desvarío inconsciente; una poesía hecha no sólo con palabras (como quería Mallarmé) sino también, y fundamentalmente, con ideas.


LA HERENCIA DEL 50

El origen de la poesía de la experiencia de signo racionalista podría empezar a concretarse a partir de los poetas de la generación del 50, especialmente algunos de los recogidos en la nómina de Juan García Hortelano (2). Serán Jaime Gil de Biedma y Gabriel Ferrater, dos de los autores que más influencia han ejercido en las generaciones siguientes, quienes con mayor fortuna desarrollarán (previo magisterio de Cernuda y la poesía inglesa) una poética concebida como reflexión moral acerca de la propia individualidad, es decir, la descripción de las motivaciones, sentimientos y vivencias del poetas, o de un personaje identificable con éste, a través de un análisis racional y objetivo, y paralelamente la predilección por un lenguaje cercano al habla coloquial y exento de retórica artificiosa.

El cansancio ante los modos de la poesía social (omnipresente en la larga posguerra española) origina al final de los 60 el giro estético que suponen los novísimos y, durante algunos años, el abandono de las tesis “sensatas”.


LA HERENCIA INMEDIATA

En los años 70, a partir sobre todo de la mitad de la década, surgen en España una serie de poetas que indican la superación de los presupuestos novísimos más radicales. Estos poetas renuncian al surrealismo, a la afectación y a la incoherencia que habían caracterizado algunos de los primeros libros de aquellos, conservando únicamente el culturalismo como uno de sus temas más recurrentes y en varios casos cierto preciosismo verbal más heredero de la tradición andaluza que del utillaje retórico novísimo. Uno de ellos, Vicente Sabido , lo ha expresado así:

“La generación de 1975, preocupada por el lenguaje y defensora de la autonomía del poema como objeto artístico, ha sido igualmente consciente de que el fin de la poesía es decir bellamente cosas que interesen vitalmente al lector. Ni denuncia panfletaria sin formalización poética, ni esteticismo huero sin valores humanos” (3).

Otros autores cuya obra, desde el principio o tras una corta evolución, se ajustaría a eta declaración serían Miguel d´Ors, Francisco Bejarano, Fernando Ortiz, Abelardo Linares, José Luis García Martín, Eloy Sánchez Rosillo, Víctor Botas, Javier Salvago y Luis Alberto de Cuenca, nombres a los que cabría añadir el del intemporal Juan Luis Panero, que desbancará a su hermano Leopoldo María en las preferencias del público en la década siguiente. Todos ellos enlazan con la poesía del 50 (Brines, Gil de Biedma, Valente, Ferrater…) y propician la actual apoteosis de la poesía de la experiencia, tal y como la abordamos en este estudio.

Índice del número 4 de ESCRITO EN EL AGUA


RECHAZOS Y CONVICCIONES

Entre los poetas de los 80 abundan igualmente las declaraciones antivanguardistas. La famosa frase de Gabriel Ferrater en el epílogo a Da nuces pueris –“Óptimamente todo poema debería ser claro, sensato, lúcido y apasionado”- se convierte en dogma de fe. Álvaro García lo cita expresamente en su poética de La Generación de los 80 (4) y Felipe Benítez Reyes declara: “Me parece imprescindible que un poema se asiente sobre el más abstracto de los sentidos: el sentido común" (5). A esto añade Jon Juaristi: “La intuición, por sí sola, es insuficiente. En realidad constituye una forma inferior de pensamiento. Sospecho que intuimos de modo no muy diferente al de las moscas, y que la inteligencia sensible, la auténtica inteligencia sensible, debe combinar la intuición con el razonamiento y el rigor técnico” (6).

Pero quizá haya sido Miguel d´Ors, uno de los poetas de los 70 que adquieren predicamento entre estos autores, quien más explícitamente ha señalado los rechazos y las convicciones de la poesía racionalista:

“Entre los primeros, el de la concepción del poeta como un ser sublime, el del mito, también romántico, de la originalidad (Goethe lo refutó afirmando que “se dicen pocas cosas fundamentales si se pretende siempre la originalidad” y T.S. Eliot con aquello de que “un poema absolutamente original es absolutamente malo”), el de la grandilocuencia y el lenguaje convencionalmente “poético”, el del experimentalismo irresponsable, el del irracionalismo con que tantos enmascaran su íntima incompetencia expresiva –a menudo, seamos claros, meramente gramatical-, el del culturalismo de guardarropía, el del conceptualismo, el de la metapoesía entendida como Semiótica impresa en columnas estrechas y el del “Minimalismo” tan de moda hoy en ciertos sectores (y que, a pesar de todo, siempre resulta verboso, porque sin duda es más lacónico quien tiene algo que decir y lo dice con veinte versos que quien expresa con cuatro su perfecto vacío mental y cordial).

En la vertiente afirmativa, la conciencia de la tradición, la valoración del oficio, la certeza de la irrelevancia estética de los contenidos por sí mismos, la de que no es ningún demérito artístico el que un poema “se entienda”, la sobriedad y humildad verbales, el uso del prosaísmo como una figura poética más, la fe en la validez lírica del humor…”7


LUGARES DE ENCUENTRO Y MAGISTERIOS PERSONALES

Logo de la revista ESCRITO EN EL AGUA
Centrándonos en los poetas de nuestra antología, podemos señalar, además de sus afinidades estilísticas, la existencia de ciertos cauces editoriales que los vinculan como grupo generacional. La revista sevillana Renacimiento, auténtico feudo de la poesía de la experiencia, ha publicado poemas, relatos, traducciones o artículos (ya que la actividad de nuestros autores no se reduce únicamente a la poesía) de Vicente Gallego, José Manuel Benítez Ariza, Juan Bonilla, Álvaro García, José Antonio Mesa Toré y José Mateos. Los mismos, más Esther Morillas, han colaborado en la revista jerezana Contemporáneos. Las páginas de Escrito en el agua han acogido a gran parte del grupo asturiano: Lorenzo Oliván, Leopoldo Sánchez Torre y Pelayo Fueyo, además de José Mateos y Álvaro García. Y prácticamente todos ellos colaboran con cierta asiduidad en Citas, suplemento literario de Diario de Jerez que, coordinado por Mateos, se ha convertido en un órgano de expresión de la poesía “sensata”.

Otras revistas de interés serían la madrileña Signos, Litoral (en cuya antología Una generación para Litoral figuran varios de estos poetas) y la más reciente Nada nuevo, dirigida por Emilio Quintana.

Entre las colecciones cabe mencionar la leridana Dama Ginebra (Tomás Cano, Los días perezosos), cuyo criterio sería la diversidad de estéticas; Scriptum de Santander; Heracles y nosotros, de Gijón, y la multigenérica La centena, de Mérida. Mención aparte merecen los mal llamados “papelitos malagueños”, cuidadas ediciones de breve tirada que han facilitado el acceso a la letra impresa de Esther Morillas, Juan Bonilla o Mesa Toré: Newman/Poesía, Plaza de la Marina, Ediciones de la librería anticuaria El Guadalhorce y los cuadernos del Centro Cultural de la Generación del 27.

En cuanto a los magisterios personales, tres son las figuras que con mayor insistencia se han preocupado de difundir la obra, a menudo incipiente, de los nuevos autores: Francisco Bejarano, José Luis García Martín y Abelardo Linares. El primero, director de Contemporáneos y columnista habitual de Citas, es el responsable del ciclo de lecturas La poesía más joven, que edita en cada ocasión una plaquette de primorosa factura; varios de los integrantes del grupo andaluz han protagonizado estas entregas. José Luis García Martín publica en sus Cuadernos de Oliver los primeros poemas de Pelayo Fueyo, Juan Alfonso Fernández, Lorenzo Oliván y Javier Almuzara; en su antología La generación de los 80 se ocupa de Sánchez Torre, Álvaro García y Vicente Gallego, especializándose, como crítico, en la poesía joven. Por último, Abelardo Linares es el motor de dos de los proyectos más serios y rigurosos del panorama editorial español: la revista y la colección Renacimiento. Tanto Linares como Bejarano y García Martín aglutinan a su  alrededor a una buena parte de la mejor poesía reciente.


LOS POETAS SELECCIONADOS

Nuestra antología pretende ser, aunque insistiendo en ciertos nombres, una prolongación de la nómina que José Luis García Martín recoge en la citada La generación de los 80. Su mayor valor podría ser el informativo: hemos escogido una serie de poetas que consideramos interesantes, y a la vez representativos de una determinada forma de concebir el hecho poético. No se trata pues de una lista cerrada. Por otra parte, la precariedad editorial (dispersión y mala distribución sobre todo) de la poesía joven, nuestras propias limitaciones de espacio y otras circunstancias extraliterarias, bastarían a explicar la ausencia de nombres valiosos que en nada desmerecen respecto a los presentes. José Manuel Villalba, Vicente Valero, José Fernández Cavia y Bonifacio Álvarez serían algunos de ellos.


José Luis Piquero
NOTA FINAL

Hemos manejado conceptos como “generación del 50”, “novísimos” o “generación de los 80” en su aspectos funcional o histórico, sin que nuestro deseo haya sido en ningún momento tomar parte en la polémica que divide a los críticos respecto a la validez de tales generalizaciones. El mismo título de este estudio, Poetas de los 90, se limita a señalar un evidente hecho cronológico: es obvio que no pretendemos prefigurar el panorama de lo que ha de ser la poesía española a lo largo de esta década.



1. Revista Ciudadela nº 2 (Pamplona, 1990)

2. El grupo poético del 50 (Madrid, Taurus, 1978)

3. Abierto al aire. Antología consultada de poetas extremeños (Editorial Regional de Extremadura, 1984), p. 163.

4. La generación de los 80 (Valencia, 1988), p. 287.

5. Idem, p. 201.

6. Idem, p. 78.

7. Revista Nuestro Tiempo (Pamplona, 1990)





JOSÉ LUIS PIQUERO
Oviedo, Octubre 1990

*Prólogo al número 4 de la revista 
ESCRITO EN EL AGUA, Enero, 1991





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