martes, 5 de abril de 2016

HOY FIRMA: RAFAEL INDI. "100 años de inquietud "



"Clavada en mi sillón, al lado de un horrible aparato para imprimir discos, dictando órdenes y correspondencia a la mecanógrafa, escribo mi primer libro de versos. Un pésimo libro de versos. ¡Dios te libre, amigo, de La inquietud del rosal!”


Hasta el día de su muerte, Alfonsina Storni se acerca siempre a su primera obra descalza y de puntillas. La autocrítica hacia pretéritas etapas de su literatura es constante, mostrando una predilección por lo nuevo tan determinante como para renunciar a la autoría de este poemario si le fuese posible. Estamos en marzo de 1916, y Alfonsina no imagina la relevancia que La inquietud del rosal tendrá como piedra rosetta de toda su poesía y para la lírica femenina hispanoamericana del siglo XX.

El rosal en su inquieto modo de florecer
Va quemando la savia que alimenta su ser.
¡Fijaos en las rosas que caen del rosal:
Tantas son que la planta morirá de este mal!
El rosal no es adulto y su vida impaciente
Se consume al dar flores precipitadamente.

El libro se abre con estos versos definitorios de la biografía de la autora (biografía/obra en este caso indisolubles). Un vivir doliente de vida (metáfora del rosal), aunque la muerte sólo esté presente por ahora como concepto poético; manifiesto de inquietud femenina que se convierte en heraldo de emancipación. Pero, a continuación, en el segundo poema, Alfonsina confiesa:

Tengo deseos de reír; las penas,
que de domar a voluntad no alego,
hoy conmigo no juegan y yo juego
con la tristeza azul de que están llenas.

Este goce por jugar forma parte de la construcción poética de un personaje al que ella asigna las cualidades necesarias para que el poema exista. Redefine o resemantiza sus influencias que debían hacer de ella una "poetisa" al uso del siglo XIX. La ironía será el constante instrumento subversivo durante toda su poética. Cosa bien distinta sería decir que su tristeza o biografía son un mero artificio literario. "Si se me preguntara qué rasgo de su carácer podría destacar, contestaría sin titubear: el amor a la verdad. Paradójico, pero exacto". Alejandro Alfonso Storni hablaba así de su madre en el prólogo a una colección de sus poesías allá por 1951.

Alfonsina, ya madre de su único hijo, se arroja a un trabajo necesario pero asfixiante en la redacción de un periódico bonaerense. Desde la aparición de La inquietud del rosal su nombre queda vinculado a la revista Nosotros (donde se publica la primera reseña del poemario) y a todo un círculo literario que le abre nuevos horizontes en la capital. La decisión que cambia su vida se produce aquí: ante la imposibilidad de compatibilizar ambas facetas, se aleja del empleo donde ha permanecido durante tres años, y a finales de 1916 lo abandona definitivamente, en una disyuntiva veladamente impuesta. Nunca fue bien considerada por sus compañeros de trabajo, les resultaba insoportable que una mujer que convivía con ellos se dedicara con tal pasión a la escritura, y decide escoger el camino difícil. Se da cuenta de que su feminidad es un problema colectivo además de individual, en lucha continua contra el hombre: "Si logramos sostenernos en pie es gracias a una serie de razonamientos con que cortarnos las malas redes que buscan envolvernos; así, pues, a tajo limpio nos mantenemos en lucha."

Tanto en las poetisas místicas, románticas, posrománticas o modernistas hallamos una entrega total y una exaltación amorosa desmedida; una entrega a Dios o al hombre, en la mayoría de casos. Y es ante este tema donde La inquietud del rosal trastoca el paradigma de la poesía argentina. Se ha hablado del término "erotofagia" para definir el hito amoroso que se cimienta aquí y que emularán tantas coetáneas y posteriores imitadoras. El paroxismo y la entrega sumisa quedan superados por un impudor pagano rebosante de sensualidad y verdadero sentimiento femenino, libre para amar y odiar:

Amo todos las auroras y odio todos los crepúsculos.



Pero, ¿cuál es el objetivo último de esa lucha antes mencionada? Lograr escribir sin alegorías ni filtros; lograr escribir, en definitiva, como un hombre, al modo de Safo, la primera Sulpicia o Delmira Agustini, su más cercana influencia: "Estás muerta y tu cuerpo, bajo uruguayo manto/descansa de su fuego, se limpia de su llama./Sólo desde tus libros tu roja lengua llama/como cuando vivías, al amor y al encanto." Este primer cuarteto de "Palabras para Delmira Agustini", escrito tras la muerte de la poetisa uruguaya y perteneciente a Ocre (1925), comienza con un asesinato "necesario". Puede que Storni recogiera el testigo de Agustini, pero lo llevó a otro nivel en su tortuoso proceso de indagación de una voz propia. Tras siglos de patriarcado artístico, Alfonsina se autoproclamará redentora, pero abogando por un feminismo que no sólo fundamenta en la "imitación" del hombre, sino en la mejora y superación de sus valores. Precisamente, el idealismo desflorado que encierra esta obra deviene decisivo, pues la fogosidad de la juventud (en concreto, de una mujer de veintidós años) es plasmada cual necesidad imperante. Observamos, por tanto, un idealismo aún núbil, pero insólitamente terrenal y corpóreo que llena de contenido las 126 páginas. Otra subjetividad desde el lado de la escritora, no sólo de la amante:

Dejar la inspiración que tome vuelo
Sin compás, como el verso que no sabe
Rimas ni disonancias.

Por numerosos episodios biográficos, un miedo crónico a la deshonra perfila el carácter de Storni. En 1910, durante una fiesta en la escuela de Coronda donde estudia magisterio mientras trabaja de celadora, y animada por otras alumnas, sube al palco para cantar, desatando numerosos aplausos. Pero de entre ellos, repentinamente, surge una voz que la reconoce como corista de un teatro de Rosario, adonde acude los fines de semana para sacar algún dinero extra. Tal vez por verse descubierta en un secreto que (a su juicio) no la ennoblece, o tal vez simplemente por verse invadida en su privacidad, este episodio la marca de por vida, hasta el punto de un amago de suicidio: su primer encuentro con el mar. Sentirse exenta de ese peso, de esa vergüenza crónica, es el motor de su dedicación a la escritura. Y lo consigue transformando la vergüenza en imprecación:

Y el hombre, que se acuerde de entrar a los talleres,
que vaya a sus cuartujos y vea con afán
Cómo cansadamente se procuran el pan
Los niños infelices y las pobres mujeres ...

Como señalé al inicio, La inquietud del rosal no sobresale por su calidad literaria, sino por su valor significante. El gesto se muestra aquí más explícito que en cualquier otra fecha. ¿O acaso no ofrecen estos versos una rotunda y vigente declaración feminista, cien años después?:

¡Mujeres! ...
La belleza es una forma
Y el óvulo una idea—.
¡Triunfe el óvulo!

Ignorado, sin embargo, por la mayoría de la crítica especializada, su aparición marca el inicio de una generación argentina de escritoras, la llamada Generación del 16. En torno a Storni se congrega un grupo de poetisas que comparte inquietudes, circunstancias y tendencias posmodernistas y neorrománticas: Amalia Prebisch, Blanca Colt de Hume, Lola S.B. de Bourget, Margarita Abella Caprile, María Alicia Domínguez, , etc... Casi todas ellas participan en movimientos pro derechos de la mujer y algunas son buenas amigas, como Caprile, periodista del suplemento literario de La Nación y directora del mismo en los últimos años de su vida. Ya fuera de este círculo, Juana de Ibarbourou modela su voz casi en años parejos, aunque su primer poemario (Las lenguas de diamante) no se publica hasta 1918; una obra de características muy similares a La inquietud del rosal. Gabriela Mistral bebe de la misma sed poética que Alfonsina, pero con una resignación cristiana que las delimita. María Villar Buceta (primera profesora de biblioteconomía de su país) elabora una obra poética centrada en la defensa de la mujer y lucha activamente contra la burguesía cubana. Magda Portal hará lo mismo en Perú, fundando el Movimiento Feminista de este país. Generaciones posteriores de escritoras latinoamericanas seguirán estas huellas: Idea Vilariño, Ida Vitale, Carmen Ollé ... y sí, Alejandra Pizarnik. Aunque la poesía del 60 y el postmodernismo difieren estilísticamente, convergen en cuanto a discurso alternativo. Ubicarlos en una misma línea genealógica es necesario para entender la extensión ineludible de su producción. Ambas obras, perteneciendo a diferentes épocas, son fundacionales per se, y el mito de la muerte que sus autoras comparten ha eclipsado dicha relevancia. La crítica dominante ha aprovechado este epílogo para fijar el lugar de Storni y Pizarnik como "poetisas" en la más clásica de las definiciones: poetisas sentimentales, véase, patéticas. Como si en la historia escasearan poetas suicidas del género masculino...

Leyendo La inquietud del rosal la leyenda no hace más que acrecentarse. Pese a que carece de la sofisticación de posteriores obras (Languidez, el citado Ocre, Mundo de siete pozos), considerarlo un lastre me parece una decisión errónea. Si ha contribuido al estereotipo de "poetisa sentimental", ese juicio sin duda es esputo de críticos adocenados y caducos, y es el que desgraciadamente ha quedado inmortalizado en los libros de texto. ¿Dejará de ser vista algún día la subjetividad femenina como un defecto? El mito de Alfonsina Storni, a la vez su condena y su dicha, se cimienta en estas páginas, y el título constituye un verdadero epitafio para su tumba del Cementerio de la Chacarita. Estas líneas, recogidas en su Obra Poética Completa (Sociedad Editora Latino Americana, 1964), cierran el libro:

Hace aproximadamente un año, Juan Julián Lastra me instó para que publicase este libro.
Fue entonces que me escribió espontáneamente y de una plumada el juicio del que me he permitido hacer prólogo sin consultarlo al respecto.
Algunos versos que no conoce están aquí; otros que conocía no los he incluído.
Y aún cuando esto significa un desorden, que Lastra ha de perdonarme, me place ponerme de este modo al alcance de las tijeritas de oro.
¿Quién desconoce el milagro de que es capaz el poeta?

... Cada gota de sangre puede ser un rubí ...




Rafael Indi


Rafael Indi (Sevilla, 1987).
Algunos de mis poemas han aparecido en revistas, webs y fanzines como Cinosargo, Fábula, Palpitatio Lauri, Argonautas, o Las Afinidades Electivas.
Obtuve el I accésit del I Certamen de Poesía Erótica Ánima (2012).
En marzo de 2013 concluí mi primer poemario, Un aplauso americano (inédito).
Participé en el libro Poemas al director. 68 miradas críticas en tiempos de crisis (2013).
Fui incluido en la edición de Anónimos 2.2 (2014).
En octubre del pasado año publiqué  mi segundo poemario, Kirieleisón (Ediciones en Huida, 2015).

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