martes, 9 de junio de 2015

HOY FIRMA: NOELIA ILLÁN. "A PACO MIRANDA".


EL PULSO SIN DESCANSO



Hemos guardado unos días de silencio porque creíamos en La Galla Ciencia que era lícito hacerlo tras la muerte de uno de nuestros colaboradores, Francisco Miranda Terrer. Gracias por habernos entendido, lectores. En breve estaremos de vuelta para seguir compartiendo con vosotros contenidos relacionados con la poesía.



Cuando supe de la muerte de Paco, les dije a mis compañeros que antes de volver a la actividad quería escribir yo -Noelia, en primera persona- una palabras en la web por primera vez, quitando algunas reseñas y artículos de cine. Disculpen si peco de sentimentalismo.

Paco era mi amigo. Era uno de mis mejores amigos.
Nos quedará su literatura, sí, sus novelas, artículos y demás. Nos quedarán las cervezas, sus apariciones inesperadas en los bares, sus risas estrambóticas, sus colaboraciones en prensa. Podremos seguir recordándolo por aquello que nos dejó conocer de él, tendremos PANTANOSA en un lugar escogido de la estantería, releeremos varias veces a lo largo de nuestra vida lo que nos dedicó en sus libros… Pero Paco no está.

Quizá era el más “gallo” sin serlo del todo (porque nunca quiso, me decía, comprometerse con nosotros por si en un momento dado no podía estar al día). Era en parte consejero, al que siempre consultábamos sobre los entresijos de los números que hemos publicado, la estética, la forma de llevar las cosas en La Galla, los regalos a los lectores. Y en eso también lo echaremos de menos (sé que hablo por todos).

Pero Paco era mucho más. Más allá de su blog en la web, de sus novelas, de las risas en los bares, de sus conversaciones sobre poesía o filosofía. Nos conocimos hace ya unos cuantos años en Villa Gracia una de las noches más felices de mi vida. Cómo hemos recordado esa noche tantas veces, cómo nos hemos reído juntos, qué dichosos fuimos unas horas con Carolina, Eli, Samuel, Carmen, Ami o Pilar. Desde aquella noche, nunca desapareció de mi vida. O en Cartagena con Álvarez, o en Campoamor esas tardes calurosas donde nos aliviaba tomar tintos en Cabo Roig, o en casa con la familia durante noches eternas, o hablando con Roger hasta las mil de poesía, arte, vida.

Hay una imagen que se repite en mi cabeza desde hace una semana: Paco andando con su cigarro en la mano para encontrarse conmigo en el Museo Arqueológico cinco días antes. Y entonces insistió en lo guapa que estaba (No mientas, Paco. No miento, Noe), y luego las copas, las risas, el paseo por la Gran Vía hasta el Gaya. Nos vemos la semana que viene, me dijo. Muchos son los recuerdos que tengo de Paco, pero no puedo evitar quedarme con esa imagen suya riendo, soltando una carcajada en mitad de la cena, con los dientes brillantes casi saliéndosele de la boca.

Paco nunca estuvo solo; nos tenía, y sé que hablo por muchos otros amigos que sufren ahora su pérdida. Paco era una persona excepcional, íntegra, pura hasta la saciedad, sincero, cariñoso, atento y tan capaz de enmendar un error que era imposible tenerle nada en cuenta. Amaba la vida, buscaba la belleza y necesitaba amor, más del que pudimos darle quizá.

El hueco que ha dejado –lejos de pura palabrería- es inmenso. Es una herida de esas que nunca cierra, una cicatriz que perdurará en el tiempo más allá de la poesía, sus novelas o las fiestas.

Te recordaremos siempre riendo, abrazándonos, compartiendo lágrimas y risas, intimidades y soledad. Nos olfateábamos, buscábamos el oro como los animales. Dejas, Paco, la sensación de haber muerto alguien de la misma especie.


Como mi maestro diría, recordando a su maestro, Adieu donc.


Noelia Illán Conesa






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