martes, 20 de enero de 2015

HOY FIRMA: Los tigres de Norah, por PABLO JAVIER PÉREZ LÓPEZ.

      

Los sábados de Lisboa son días sagrados porque son días de libros viejos y paseos largos. Desciendo ritualmente hasta la Feira de Ladra y después camino hasta el mercado de libros viejos de la Rua Anchieta, en el Chiado. En los dos casos busco acariciar algunas venas de la ciudad-mujer y encontrar libros a los que adoptar.

Husmeo los puestos de los alfarrabistas con la cotidianidad de quien se mira al espejo cada mañana. Es necesario decir que “alfarrabista”, es la palabra portuguesa que designa a los vendedores de libros viejos. Palabra cuyo origen esconde además una sorpresa y una mentira. Los alfarrabistas, son aquellos vendedores de alfarrábios, es decir de libros grandes y viejos, que a la manera de Al-Farabi, el comentarista árabe de Aristóteles no tienen, hipotéticamente, valor, son desechables, como eran para los cristianos de la Edad Media las obras de este filósofo musulmán. 

Entre estos libros que según su nombre, -en cada nombre hay una mentira- sólo sirven para quemarse o para calzar una mesa coja como aquellos de Al-Farabi, hace una semana, encontré un libro de Ramón Gómez de la Serna, titulado “Norah Borges”, una edición de la editora argentina Losada, de 1947. El puesto en cuestión sí pretendía hacer honor al nombre alfarrábico. Todos los libros costaban un euro y se disponían sobre un gran tablón sucio y curvo como patatas huérfanas. Al ver ese libro quedé inmediatamente impactado. No sólo porque apareciese entre las habituales traducciones infumables de obras completas de los que dicen ser los grandes clásicos de la literatura, los manuales de álgebra de los años 80, los libros sobre la Guerra Fría y los voluminosos misales que suelen poblar esos lares, sino también porque era un libro sobre Norah, hermana de Borges, escrito por Ramón, genio sin par, libro que desconocía y que de inmediato me llevaba a Buenos Aires y a unos meses que allí pasé hace unos años.

Apenas vi el libro una célebre frase que me ha acompañado durante mucho tiempo llegó a mí  nuevamente: “Norah, una niña, dijo: Está hecho para el amor”. Frase que pertenece al poema borgiano El Tigre, de 1977 (Historia de la noche) y que hace referencia a aquella infancia compartida por Gorgie y Norah en el Palermo provinciano y auténtico y las visitas a los tigres en el zoológico de Palermo. Yo también caminaba ritualmente desde Palermo hasta el zoológico para ver al tigre de Borges y creo que lo hacía para repetirme, como hoy sigo haciendo, esa frase que pronunció Norah y que sigue resultándome misteriosa y certera. Seré tal vez –he pensado- un hombre que camina ritualmente repitiendo palabras, acariciando venas y buscando libros. Qué tipo de hombres son esos -preguntarán algunos-. No tengo respuesta. No la quiero.


Iba y venía, delicado y fatal, cargado de infinita energía, del otro lado de los firmes barrotes y todos lo mirábamos. Era el tigre de esa mañana, en Palermo, y el tigre del Oriente y el tigre de Blake y de Hugo y Shere Khan, y los tigres que fueron y que serán y asimismo el tigre arquetipo, ya que el individuo, en su caso, es toda la especie. Pensamos que era sanguinario y hermoso. Norah, una niña, dijo: Está hecho para el amor.
(El Tigre, Historia de la Noche, 1977)
El libro de Ramón sobre Norah supone la interesante y particular, como siempre en Ramón, narración de un mundo. Ramón retrata a la Norah pintora pero también a la Norah hermana dejando entrever la necesidad de comprender a Borges en diálogo con la poética vital y pictórica de su hermana. Cito a Ramón:

“Jorge Luis, sigiloso y contradictor, es junto a Norah, el enrevesado y el satánico, pero resultaba extraordinario en la convivencia ver con qué cuidado dialogaba con su angélica hermana.
El guía de laberintos, el bifurcador, el que tendía hacia los largos paseos en la noche, nunca hizo un gesto de carbón frente a los cuadros inefables de su hermana, aleluyas amarillas de bautizo frente a las aleluyas tenebrarias en que se empañaba el escritor que lleva al lector por los espacios del miedo.
Parecía como si Jorge Luis partiese siempre del punto claro del reloj de sol de Norah para meterse en el intrincamiento novelesco de su obra.”
Y es que la frase de Norah -real tal como cuenta el propio Borges en un texto dedicado a su hermana en 1974- y otras muchas que de ella conocemos, revela la inocencia, la aceptación como modo de vida. Para Norah la pintura, el arte,  la vida, valga la redundancia, era, esencialmente dar alegría. Me pregunto hasta qué punto Norah será una familiar lejana de Alberto Caeiro  (maestro de Fernando Pessoa) para quien amar es la única inocencia / y la única inocencia es no pensar. Norah que dejó escrito y dicho innumerables veces: “En mis cuadros he pintado jovencitos silenciosos que viven esperando el amor. Y el amor no les llega en mis cuadros, pero ellos lo están esperando. Eso pinto me parece un Caeiro vivo del universo borgiano provisto de pinceles. El amor y su esperanza frente al laberinto solitario del pesimista desasosegado.

En Norah está la luz sin dolor, la claridad apolínea de las apariencias. “La vida es apariencia verdadera”, escribió su hermano, pensando, quizá en Schopenhauer. En la alegría de la apariencia, que también cantó Caeiro está Norah y no puede estar Borges. En esa inocencia primitiva, prístina, que tanto canta Caeiro, está Norah, que llegó a decir, algo, que rescata Bioy Casares en sus diarios borgianos; “Los niños son anteriores al cristianismo”. Frase profundamente caeriana que aparece reveladora de Norah y su estética esencial de la forma limpia y que podría interpretarse en el sentido profundo y literal del regreso de los dioses pessoano.

Los tigres de Norah son el amor y la belleza sensible, las formas armoniosas, la libertad esperada, el dolor olvidado. En cambio, los tigres de Borges anuncian el dolor de la lucidez, la fatalidad del destino y de la belleza, enjaulada por miedo a su terrible dolor, la esperanza del amor herida en su luz. Borges busca el otro Tigre, “el que no está en el verso” para usar sus palabras. Borges busca y no encuentra los Tigres hechos para el amor que vio su hermana o quizá el Tigre platónico, el arquetipo de nuestra bella crueldad.

Recuerdo, pensando sobre esta esperanza amarilla del amor, un poema de Fernando Pessoa, aparentemente escrito en 1932. Un poema que revela muy bien, los tigres de Pessoa, tigres borgianos y nunca caerianos o hijos de Norah. Leamos:

O que o seu jeito revela
Sabe à vista como um gomo,
E a vida tem fome dela
Nos dentes do seu assomo.

E nele mesmo, vibrante
A esse corpo de amor,
Espreita, próximo e distante,
O seu tigre interior.[1]

Este, que parece ser un poema de amor frustrado según apunta Ángel Crespo, deja entrever, cómo el amor que no llega, se encuentra enjaulado tras una hambrienta forma. Agazapado está el amor y su dolor, siempre en la belleza que nos llama -podemos intentar traducir aquí-. Pienso en los tigres de Norah y en los de Borges, me detengo y escribo:

Fatal y ligera como un fuego
la belleza que nos mata
enjaulada por miedo a su dolor
el amarillo en los ojos del ciego
la esperanza del amor
otra vez la herida de la luz
sus garras bellas y certeras:
Un tigre junto a Homero
Nuestro hogar


Pablo Javier Pérez López






[1] Lo que su gesto revela /surge a la vista como un botón /y la vida siente de ella su hambre /en los dientes de su asombro /y en él propio, vibrante /ante ese cuerpo de amor, /vigila, próximo y distante, /su tigre interior.


Pablo Javier Pérez López (Valladolid,1983) es Doctor en Filosofía. Autor del libro 'Poesía, Ontología, y Tragedia en Fernando Pessoa' (Manuscritos, Madrid, 2012), coeditor de 'Viajes, literatura y pensamiento' (Uva, 2009) y 'El pensar poético de Fernando Pessoa' (Manuscritos, Madrid, 2010). Ha editado junto a Jerónimo Pizarro 'Ibéria Introdução a um Imperialismo Futuro', de Fernando Pessoa, (Ática, Lisboa, 2012). Infancia, pensar poético, voluntad de ilusión y la filosofía de la cultura portuguesa son hasta el momento sus temáticas habituales.




Reseña sobre EL OFICIO DE ESCRIBIR, último libro de poesía publicado por Pablo Javier, en LA GALLA CIENCIA, a cargo de Samuel Jara Miñano.





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