martes, 16 de diciembre de 2014

HOY FIRMA: ERNESTO VIAMONTE LUCIENTES. "CARLOS BARRAL EN "A FONDO". UN APROVECHAMIENTO FILOLÓGICO".




CARLOS BARRAL EN A FONDO.

 UN APROVECHAMIENTO FILOLÓGICO*




1. INCUNABLE AUDIOVISUAL

No exagero al calificar de mítico el programa que Televisión Española emitió en la segunda cadena, entre los años 1976 y 1981, con el título de A fondo. Está considerado como uno de los más brillantes espacios culturales televisivos del país, a pesar de realizarse con unos medios limitados, con una puesta en escena mínima, y de ceñirse estrictamente al formato de entrevista. Se concibió, en palabras de su creador, Joaquín Soler Serrano, «como unas conversaciones más allá de la máscara, buscando en la verdad de los hombres ilustres y gloriosos; una ocasión única para confesarse ante los grandes auditorios que concita un programa de televisión1».


Y ciertamente, el quehacer de Joaquín Soler Serrano junto con la nómina de entrevistados lograron un programa considerado irrepetible2. Los espacios, que oscilaron en su duración entre los 41 minutos y las más de dos horas, trataban de acercarse a un personaje y abordarlo en dos vertientes: sus facetas personal y profesional. La gran mayoría de las emisiones se hicieron en el habitual blanco y negro y con una realización neutra3. Pero ya he dicho que fue puntal de su éxito la panoplia de invitados, quienes, con mayor o menor fortuna, se dejaron cautivar por la amable incitación a la charla de Soler Serrano. Merced a ello logró confesiones impagables de Jorge Luis Borges o respuestas desesperantemente monosílabas de Juan Rulfo. Pero en todo caso testimonios que han pasado a la historia de la televisión y que superan una de las características que al medio se le supone: su calidad de efímera4. No es cuestión de dar más nombres, pero difícilmente podrá encontrarse algún personaje relevante de la cultura y de la ciencia hispanas del momento, que no estuviese presente entre las 274 entrevistas realizadas5. A lo que hay que añadir notables presencias internacionales. El compendio de tales espacios constituye un auténtico legado que Rodríguez Pastoriza no duda en darle el valor «de un gigantesco incunable»6. Y no hay hipérbole. 


2. CARLOS BARRAL A FONDO

En 1976, Carlos Barral fue entrevistado en A fondo. Era entonces, en el orden que a él le gustaba, escritor y editor reconocido. Poeta difícil pero valorado7; recién descubierto prosista. Años de penitencia, primero de sus tres volúmenes de memorias, publicado un año antes con cortes censores, iba adquiriendo por aquel entonces una primera resonancia que no ha cesado. Porque Barral es autor de una obra escasa, como él mismo siempre repetía despechado, pero con un rasgo característico: toda ella está impregnada, sin excepción, de su personapersonaje, de Carlos Barral. Desde su poesía8, pasando por sus tres libros de memorias, Años de penitencia (1975), Los años sin excusa (1978) y Cuando las horas veloces (1988)9, así como su única novela, Penúltimos castigos (1983)10, calificada como semibiográfica, y en la que el protagonista es un tal Barral11, hasta todos sus escritos de experiencias marineras, como Desde Barcelona, la mediterrània (1988)12, y Los diarios (1993), publicación póstuma a cargo de Carme Riera13. De modo que pocos autores podrán presentar tal cantidad de títulos que giren, de una forma directa e indisimulada, alrededor de su persona. De entre todos sus escritos de carácter autobiográfico, destacan los tres libros de memorias citados. Sobre ellos hay una valoración casi unánime. Alberto Oliart, amigo personal de Barral desde siempre, cuenta que el hispanista Raymond Carr le comentó en 1977 que Años de penitencia era el libro, de cuantos él había leído, que mejor reflejaba el ambiente de la España franquista entre el 39 y el 5014.

 

 Barral junto a Jaime Gil de Biedma, en el centro.

También el mestre Castellet tiene palabras para Años de penitencia, del que dice que «rompía moldes literarios y políticos en aquella época del tardofranquismo en que la sociedad española vivía inquietamente, entre el temor y la esperanza15». Juan Antonio Masoliver no duda en calificar al primero de los volúmenes como «el mejor libro de memorias escrito en la segunda mitad del siglo XX»16. Cuando las horas veloces recibió el primer premio Comillas de biografía en 1988. Pues bien, a ese autor que había hecho de su persona el centro de su escritura es al que recibe Soler Serrano, pretendiendo que hable, precisamente, sobre sí y sobre su obra. Y el mérito que se consigue en A fondo es que, pese a haber escrito Barral tanto de sí mismo y de seguir haciéndolo hasta su muerte, se logre extraer ideas y confesiones no contenidas en tan extensa obra de corte autobiográfico. De tal manera que más allá de la mera información acerca del personaje, el programa de Soler Serrano es una especie de addenda a la obra de Carlos Barral.



3. FIGURACIÓN...

En 1976 Carlos Barral está pasando por un momento de relativa tranquilidad, dentro de su muy ajetreada vida. Pocos años antes ha perdido a varios seres queridos: a su madre y a sus amigos, entre otros a Gabriel Ferrater y a Alfonso Costafreda. Tiempos que en el 74 le hicieron exclamar: «no estoy contento de vivir en esta época». Pero desde el 75 las cosas le van mejor. Conoce el éxito de su primer volumen de memorias, trabaja en la edición de sus poesías, a lo que hay que añadir el alentador cambio político que el país vive y sus contactos con los socialistas catalanes, que le llevarán a ser años después senador. Pero pese a ello, Carlos Barral barrunta un período de crisis en su salud que le conducirá, no mucho tiempo después, a una primera intervención quirúrgica y, en realidad, a la confirmación de su decadencia física17. Tal vez por ello la entrevista se cierre con el siguiente diálogo:


— J. S. S.: Los tiempos han cambiado, aunque no tú.

— C. B.: Quizás no, pero soy un poco más viejo.

— J. S. S.: Pero con la misma ilusión.

— C. B.: Eso digamos que sí.


Y ciertamente es un sí muy poco convincente, desmadejado. El Carlos Barral que se presenta ante el espectador es el sólito personaje al que los españoles de la Transición se acostumbraron a ver en sus pantallas, en especial a raíz de su nombramiento como senador. Parece mayor de los 48 años que tiene en el momento de la entrevista. Luce su barba sin bigote, el pelo canoso, largo, casi con guedejas, cuidadosamente despeinado. Fuma y solo bebe agua, poca. Viste muy informal. Una camisa militar clara, con bolsillos abiertos y hombreras, por fuera del pantalón oscuro, pero que llama más la atención por lucirla muy desabotonada. Los zapatos se adivinan poco lustrados. Todo da aspecto de descuido, conociendo al personaje, muy ensayado. Habla con seguridad, sin atisbo de acento catalán. Sonríe en contadas ocasiones y muy tímidamente, como para no descomponer la figura. Mira al techo, a Soler Serrano o al vacío, nunca a cámara. Tiene una altiva sencillez, mantiene las distancias incluso con tan cálido entrevistador. Largo de miembros y con una mirada clara enmarcada por unas ojeras que se pronuncian en los primeros planos. La entrevista es en blanco y negro y dura 50 minutos18. En ella se tratan los siguientes aspectos:


— Preliminares.

—Primeros años: infancia, familia, estudios, universidad, amistades.

—Repaso cronológico a sus libros de poesía, con dos observaciones acerca

de su condición de burgués.

— Valoración de su único libro de memorias escrito hasta la fecha: Años de

penitencia.

— Labor como editor. Supone el grueso de la conversación. Allí se habla de

Seix Barral, Biblioteca Breve, el realismo social, el «boom» hispanoamericano,

el fin de Seix Barral y la nueva Barral Editores.

— Despedida marco con alusiones a la familia y a su persona. 



4. SUFRIENDO AQUELLO QUE DECIR NO PUEDO

Pero lo que aquí interesa, más allá de una mirada superficial al encuentro, es dar con las aportaciones inéditas que nos ofrece para el conocimiento de la persona y de las ideas de Barral, así como para un mejor acercamiento a su obra. Revelaciones nunca expuestas en su citada labor memorística. Veamos algunas de ellas. La entrevista se abre con una observación humorística, que presenta el carácter aristocrático tan cultivado por Barral en la creación de su propio personaje19. Soler Serrano le incita con un «Naciste en Barcelona...» a lo que el poeta contesta: «En 1928, que fue un año de gran cosecha de Borgoña».


A sus vivencias sobre la Guerra Civil, Barral dedica un buen espacio en Años de penitencia y una especie de flash back en Los años sin excusa20. En nuestro espacio hace una certera síntesis de la sensación que deja la lectura: «Aquellos años son una mezcla de recuerdos muy raros; la violencia, el hambre y la angustia se mezclan con un sentimiento de libertad que los niños no suelen tener [...] No tengo recuerdos profundamente desagradables, aunque sí violentos».


Habla de su hermana, personaje prácticamente inédito en sus memorias, de quien aquí dice nunca haber tenido «una relación profunda con ella». Son pequeños detalles que van perfilando el personaje, como la anécdota, no revelada por escrito, en la que se cuenta cómo llegó a la Facultad de Derecho sin ninguna vocación, solo debido a que había menos gente en la ventanilla de matriculación de dicha carrera que en la de Filosofía y Letras. Al repasar su obra, Barral desvela datos acerca de sus primeras composiciones poéticas. Sobre ellas, en Años de penitencia, solo nos dice que «escribía poesías despacio, premiosamente, pero por primera vez con algo parecido a una idea de libro, con una cierta vocación serial de los motivos. Fueron los poemas que constituyeron Las aguas reiteradas y algún otro que figura entre los Poemas previos de Figuración y fuga21». En la entrevista televisiva da bastante más información. Dice que Las aguas reiteradas procede de un conjunto de poemas que vio la luz en la revista universitaria Laye, en la que participaron gente del grupo barcelonés: Castellet, Sacristán, entre otros. Califica al libro de congruente y, aunque reconoce que ahora no escribiría poemas así, confiesa haberlos leído recientemente con el prurito de corregirlos y no haber modificado nada. Y termina, «para lo que son, me parece que están bien».



Sobre el marbete de «poeta escaso», que le persigue en toda alusión que se hace sobre su cultivo poético, tenemos a un Barral que se exculpa con un «porque escribir poemas no es que me cueste, es que no puedo ponerme a escribir poesías si no tengo la urgencia de expresarme». Sin embargo en sus memorias es tema recurrente y dispar, en donde a veces argumenta como en la entrevista, y en ocasiones, no pocas, se lamenta de su convulsa vida social limitadora en su quehacer poético, cosa que también se trasluce en Penúltimos castigos22. En todo caso, en su obra no da apunte tan preciso acerca de su hábito de escritura, como lo hace ante Soler Serrano: «Soy un tipo de escritor que lleva una carterita en el bolsillo con un poema empezado hace dos meses, al que voy dando vueltas, unos días sí, otros no, y que finalmente un día me siento a escribirlo. El poema está buscando, sobre todo, su tono. Cuando he dado con el tono del poema entonces el poema sale con facilidad, pero ese tono no es fácil de encontrar».



En realidad, de su labor poética no habla demasiado Barral en sus memorias. Y muy poco de sus libros, salvo de Metropolitano, que está muy presente en Los años sin excusa. En ningún momento se pueden leer afirmaciones como las hechas al entrevistador y que validan mis afirmaciones iniciales. Así, cuando comenta su poemario Diecinueve figuras de mi historia civil, dice: «...el contenido real del libro es básicamente biográfico; es la misma temática que el primer volumen de mis memorias»23. El análisis de esta obra da pie a sacar el tema de la mala conciencia por haber nacido burgués. Barral comenta que Diecinueve figuras... está escrito desde la plataforma de tal mala conciencia. Es motivo sumamente presente en su obra toda, como lo está en la de muchos de los miembros de su generación, pensemos en su amigo Gil de Biedma. En A fondo Barral se limita a explicitar las ideas que de forma menos concisa ya nos son conocidas por su escritura: «Es más cómodo haber nacido burgués que haber nacido proletario, realmente. Pero uno debe ser consciente de que está disfrutando desde la cuna de una situación de privilegio. Y darse cuenta también de que la visión del mundo, incluso desde la política, por muy progresista que se sea, por muy de izquierdas que se sienta uno, está determinada por el hecho de la situación privilegiada».


El colofón al repaso de su obra se hace con Años de penitencia. De esta obra, cuando Barral ha hablado más de ella, antes de en A fondo, ha sido en la «Nota preliminar» a su edición, escrita en enero del 73. Posteriormente lo hace muy tangencialmente, como ocurre en idéntica nota a Los años sin excusa. Pero en ninguna de ambas anotaciones, y es mérito claro de Soler Serrano, habla del estilo de las memorias. A la «metódica inexactitud», de la que había escrito en el apunte del 73, une un desprecio, además de por el tiempo, por otro tipo de convenciones, entre las que están las lingüísticas. Y comenta su búsqueda por dar con un lenguaje roto, con «una prosa muy rápida y coloquial» y rica a su vez. Lo que desemboca en esa pose distanciada y aristocrática cultivada por Barral en todo momento, que aquí no podía faltar:



— J. S. S.: Hay en sus memorias cierta actitud crítica y desdeñosa, siempre

presente en todo lo que hace Carlos Barral.

— C. B.: Sí, para ser muy cruel diría que hay también una, a veces irritante,

actitud aristocrática frente a ciertos acontecimientos.

— J. S. S.: Das de ti cierta imagen aristocrática de estar al margen...

— C. B.: Ya ves que en el fondo no es verdad. Pero está en el libro.

— J. S. S.: ¿Es deliberada tu distancia?

— C. B.: Ahora soy así. No sé cuándo empecé a serlo...



Con lo que de nuevo estamos intentando desentrañar la persona del personaje Carlos Barral. La última alusión a su libro de memorias nos habla de acerca de cómo está concebido y creo que nos da muchas pistas sobre ese Barral escaso: «Está escrito directamente a máquina, con muy pocas correcciones posteriores. Está pensado sobre el teclado, no está reflexionado antes...». El grueso de la entrevista –aunque, como he dicho, a Barral le gustase calificarse como escritor y editor, en este orden– está dedicado a su segundo quehacer24. Mediante ello tiene la ocasión de dar opiniones sobre los temas que a lo largo de toda su vida han sido centrales25

En todo caso, su empeño editorial está muy presente en sus memorias. Tanto en Años de penitencia, en donde apenas se anuncia, como en Los años sin excusa, donde se fragua el éxito de empresas como Biblioteca Breve o el premio Formentor, así como en Cuando las horas veloces, en donde aparecen sus desengaños, fruto del abrupto final de Seix Barral, y sus nuevos proyectos. En A fondo habla brevemente de casi todo ello, reconoce a la figura de Janés, como hombre que en los 40 intentó hacer algo similar a lo que él cuajó en los 60, y opina abiertamente de los habituales lugares comunes. Ahora bien, las opiniones que sobre personas del mundo literario da en la entrevista tienen un tono amable, acorde con el habitual de A fondo, alejado de afirmaciones como las que pueden leerse en sus memorias: «... en literatura y con frecuencia necesito denostar a los que me parecen mediocridades encumbradas, pobres escritores célebres o libros gratinados por la admiración provocada. Muchas veces eso roza en mí la pasión de denigrar y la palmaria injusticia, pero me sienta muy bien y me tranquiliza mucho26».

Acerca de las ideas que vierte sobre el mundillo literario, lo que más llama la atención, y lo que ayuda a cuadrar al personaje, son las atribuciones que se hace. Así, por ejemplo, admite que supo ver todo lo que alrededor del realismo social había de interesante; dice haber sido quien en su catálogo de Seix Barral incorporó por primera vez en español a toda una literatura europea de posguerra; también asume como propio el descubrimiento de Luis Martín Santos y su Tiempo de silencio, así como de Mario Vargas Llosa; y acerca de su mérito por descubrir al «boom» latinoamericano, alega: «Eso es verdad; pero también es un mérito que no me cumple porque también eso estaba ahí», lo que pasa es que él lo supo ver y publicitar con su premio Biblioteca Breve. Fomentó, en suma, una «comunicación entre todos los países de habla española que hizo posible la gran eclosión de novelistas, quizás uno de los fenómenos serios de la historia literaria». Lo que haya de cierto, no es este lugar para discutirse; ni tampoco lo que haya de excesivo. Simplemente queda reflejado como, creo, retrato definitorio del entrevistado27.



Sus diversas opiniones literarias se cierran con una intervención sobre los escritores del «boom» donde mantiene una teoría ausente en su obra, pero muy presente en sus declaraciones a los medios28. Niega el marbete de «tercermundistas », tan extendido para referirse a los autores hispanoamericanos –también usado entre ellos–, al compararlos con escritores africanos o asiáticos. Y lo niega en virtud del siguiente brillante razonamiento: «En América Latina coincide una literatura, una tradición literaria, tan vieja como cualquier literatura europea –y más antigua, por ejemplo, que la eslava, que nació después– con un mundo más interesante y anecdótico, donde fenómenos como las luchas étnicas o las luchas de clase están a flor de piel. Tienen, pues, una herramienta literaria, una tradición semejante a la francesa, la inglesa o la alemana, con un mundo que tiene interés por sí mismo, sin necesidad de mucha elaboración».


El apartado editorial se cierra con algunas apreciaciones sobre su labor en tal vertiente, en las que nada que no esté en su obra se registra: su labor en los 60 y la deriva mercantilista que las editoriales han ido tomando; su vocación y su cansancio; su ausencia de móvil económico; y el final de Seix Barral, anécdota que abrevia, pero que recoge en Cuando las horas veloces, cuyo germen fue la inesperada muerte de Víctor Seix.


Una alusión a su próximo libro, Los años sin excusa, del que no tiene ni decidido el título: «Podría insistir de nuevo en Años de... pero esperaré a que el libro terminado me sugiera un título»; y una nueva vuelta al marco personal, distintivo de tantas otras entrevistas de Soler Serrano, cierran el encuentro: «Es decir que no tenía vocación de patriarca pero lo soy...», admite un Barral siempre genio y figura.



5.  ...Y FUGA


A fondo fue un programa aplaudido por todos, crítica y público. Recordado por muchos y aún visto por curiosos y especialistas. Ejemplo de buen hacer de televisión cultural y modelo de entrevista. Pero más allá de todo lo conocido, mediante este trabajo he pretendido demostrar que dichos espacios tienen la posibilidad de un aprovechamiento filológico a la hora de conocer pormenores de la obra y de la vida de un escritor. La elección de Carlos Barral no ha sido inocente, sino que responde a que pocos autores tienen un quehacer tan conectado con su persona como la del de Calafell. Y sin embargo la entrevista de Soler Serrano aporta datos inéditos e importantes, tanto para entender la obra como al personaje Carlos Barral, escritor y editor, figura clave en las letras hispanas de la segunda mitad del siglo XX.


ERNESTO VIAMONTE LUCIENTES


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1 Véase, Joan Munsó Cabús, Joaquín Soler Serrano a fondo, Barcelona, Planeta, 2003, p. 218.
2 Véase al respecto la valoración y las noticias que sobre A fondo se da en Francisco Rodríguez Pastoriza, Cultura y televisión. Una relación de conflicto, Barcelona, Gedisa, 2003, pp. 95-97.
3 Esa sobriedad respondía a la idea de Soler Serrano y del realizador, Ricardo Arias, de mostrar al personaje que habla, escrutar su rostro, sus gestos y sus miradas, y acercarse a él por medio de unas imágenes incontaminadas. Véase, Joan Munsó Cabús, p. 218.
4 Además de permanecer en la memoria colectiva, algunas de las entrevistas fueron editadas en video por Editrama, en una colección con el título de «Videoteca de la memoria literaria». También el mismo Joaquín Soler Serrano recopiló una veintena de entrevistas en A fondo. De la A a la Z, Barcelona, Plaza y Janés, 1981. Encuentros que conocieron una publicación previa a partir del 79 en la revista Telerradio.
5 El número de entrevistados oscila, según las fuentes. El mismo Soler Serrano habla de unas trescientas
personas, más o menos.
6 Rodríguez Pastoriza, ob. cit., p. 96.
7 No me resisto a reproducir las palabras que le dedica su amigo Jaime Gil de Biedma, amigo sí, pero crítico implacable también, a la lectura de Metropolitano, libro que el mismo Barral le ha prestado: «Muy interesante, ha redoblado el respeto que siento por él. Carlos es tan encantador y tan brillante que uno encuentra pocas ocasiones de reparar en lo admirablemente inteligente que es. A veces me hace el efecto de un dispositivo cuyo sencillo funcionamiento se basa en principios teóricos muy sofisticados, de una gran economía y precisión». Cito por Retrato del artista en 1956, Barcelona, RBA, 1991, pp. 201- 202. Metropolitano, Torrelavega-Santander, Ediciones Cantalapiedra, 1957.
8 Barral califica su poesía como «poesía de la experiencia». Y se explica: «cuando hablo de experiencia me refiero precisamente a una temática intelectual o psicológica que algunas veces toma la forma de lo autobiográfico, pero que en otras muchas plantea el análisis de una impresión, de un sentimiento, de una emoción». Palabras recogidas por Rosa María Pereda, «Carlos Barral: “Mi poesía refleja la acumulación de experiencias”. Presentación de Usuras y figuraciones», El País, mayo 1979. Los testimonios en este tenor se pueden rastrear a lo largo de toda la vida de Barral. Así, en una entrevista publicada a la prensa sueca en 1964, recogida en Almanaque, Valladolid, Cuatro ediciones, 2000, pp. 11-13, dice: «Quiero lograr una poesía que esté construida sobre experiencias personales que deriven de la época histórica que nos ha tocado vivir». Forma de concebir la poesía de la que hace partícipe a sus
colegas los «letraheridos»: «...creo que un grupo de poetas, por razones que no tienen nada que ver con la tradición directa literaria, hemos practicado una poesía de la experiencia de la vida cotidiana», en Federico Campbell, Infame turba, Barcelona, Lumen, 1971, pp. 279-290.
9 Años de penitencia, Madrid, Alianza, 1975. Este tomo se centra en las vivencias que van desde 1939 a 1950. Los años dedicados a la infancia sórdida y mítica. La interrelación entre su obra toda es tal que Carlos Barral llega a decir: «me propuse dar un contexto explicativo a mi poesía, que, como la de todo poeta lírico, es autobiográfica, y me parece que este libro es profundamente contextual», en «Una década de penitencia», Triunfo, núm. 662, 1975. Evidentemente el libro profundamente contextual es el primero de sus memorias. Los años sin excusa, Barcelona, Barral editores, 1977, comienza recién estrenados los 50 y acaba apenas empezada la década de los 60. Es el tiempo de la rebeldía y la vitalidad. El mismo Barral ha llegado a decir que «el título se refiere personalmente al autor, es decir, al personaje. Son los años sin excusa, para mí, en tanto son los años de fundación de la madurez y de la fundación de aquellas actitudes que han de ser definitivas. Por lo tanto, se trata de una fundación llena de hechos y de errores, sin excusa», en «Carlos Barral contra las excusas», El Viejo Topo, núm. 20, 1978, pp. 62-63. Cuando las horas veloces, Barcelona, Tusquets, 1988, recuerda, aproximadamente, del 62 al 81-82, año, este último, del que dice no haber pasado demasiado tiempo cuando escribe sus palabras iniciales. Es la hora del vacío, del envejecimiento y la desmemoria.
10 Penúltimos castigos, Barcelona, Seix-Barral, 1983.
11 Barral dice que el personaje de la novela «le parodia». Ver Carlos Barral, Cuando las horas veloces, p. 240. Resulta muy interesante el análisis que de la novela hace Alicia Molero de la Iglesia en «Figuras y significados de la autonovelación», Espéculo: Revista de Estudios Literarios, núm. 33, 2006. Allí se dice que pocos ejemplos literarios hay de tan claro maltrato a sí mismo, como el que Barral dedica al personaje al que presta su nombre. Y contextualiza la obra como escrita en un momento anímico muy concreto «que lo reduce a la potenciación de su tendencia al alcoholismo, la enfermedad, la esterilidad poética, el sentimiento de fracaso como editor y padre de familia o su conocida pedantería e intransigencia intelectual».
12 Desde Barcelona, la mediterrània, Barcelona, Lunwerg, 1988.
13 Los diarios, 1957-1989, edición a cargo de Carme Riera, Madrid, Anaya & Mario Muchnik, 1993.
14 Véase, Alberto Oliart, «Un personaje singular», pp. 11-12, en la recopilación que de los tres volúmenes recordatorios de Barral se hizo con el título Memorias, Barcelona, Península, 2001.
15 En el mismo volumen anterior está el trabajo de Josep Maria Castellet, «La memoria de Carlos Barral», pp. 9-10. Una valoración interesante de los tres volúmenes puede leerse también en Ana María Moix, «Jaula aérea con olor a resina», El País, junio, 2001.
16 Juan Antonio Masoliver, «Memorias de Carlos Barral», Letras Libres, septiembre 2001.
17 Véase Cuando las horas veloces, pp. 237 y ss.
18 El espacio fue editado por Editrama en 1998. Una transcripición bastante fiel, sobre todo en lo que respecta a las contestaciones de Barral, no tanto a las preguntas, puede leerse en el ya mencionado libro de recopilaciones de entrevistas concedidas por el autor de Metrópoli a todo tipo de medios titulado Almanaque, pp. 112-125.
19 Sobre la vocación de personaje, tanto de Carlos Barral como de otros poetas del grupo de los 50, es sumamente interesante la obra de Carme Riera, Partidarios de la felicidad. Antología poética del grupo catalán de los 50, Barcelona, Círculo de Lectores, 2000, p. 16 y ss.
20 En el primero de los volúmenes es motivo recurrente a lo largo de sus páginas; en el segundo tiene un importante espacio en el capítulo titulado «Hijos del humo». No obstante, la noción que de la Guerra Civil trasmite Barral no deja de tener contradicciones. Se puede rastrear en su obra literaria, y también en las entrevistas sobre el particular. Cotéjense las palabras arriba transcritas con las siguientes referidas al conflicto fraticida: «Sí, fue una experiencia que ha marcado mi vida. Para mí fue horriblemente traumática, y me parece que no me he repuesto de sus deformaciones. [...] Para mí la guerra fue muy dura, pero no es eso lo que más recuerdo. Recuerdo el cambio de las gentes, la ferocidad de las gentes en un cierto momento. Recuerdo la hipocresía de las personas de la inmediata posguerra, un
nuevo cambio que los hacía a todos profundamente desagradables, odiosos, y del que todavía no se han repuesto la mayoría de ellos en absoluto. Eso ha marcado muchísimo mi vida... Y lo he contado en cierto modo en parte de mi poesía», en el mencionado Infame turba, pp. 279-290.
21 Años de penitencia, p. 333. Las aguas reiteradas, Barcelona, Publicaciones de la revista Laye, 1952; Figuración y fuga, Barcelona, Seix Barral, 1966.
22 Exponente extremo de esto es el «Capítulo V» de Cuando las horas veloces.
23 Diecinueve figuras de mi historia civil, Barcelona, Seix Barral, 1961.
24 Lo cierto es que en muchas ocasiones suele ponerse por delante la labor publicista de Barral. Así ocurre, por poner un ejemplo, en el Diccionario de grandes figuras literarias, Madrid, Espasa Calpe, 1998, a cargo de José Martínez Cachero, que en la entrada «Barral, Carlos» comienza así: «Editor y escritor español en lenguas catalana y española...». También habría que hablar mucho acerca de lo de lengua catalana, ya que si bien es cierto que Barral tiene escritos en catalán, en especial los relativos a su pasión marinera, no lo es menos que en multitud de sus trabajos ha afirmado su españolidad lingüística, cuando menos en lo que a su escritura se refiere.
25 Una lectura del recopilatorio ya mencionado, Almanaque, da certera cuenta de lo que intento decir: «boom», Seix-Barral, realismo social, son asuntos presentes en la práctica totalidad de las interviús, con las lógicas repeticiones a cargo de Barral.
26 Cuando las horas veloces, p. 50.
27 Ya digo que no es este el lugar para valorar los logros de Carlos Barral en sus vertientes de escritor-editor, pero de lo que no hay duda alguna es de que el interesado era consciente en todo momento de lo que se llevaba entre manos. Así, ya en el temprano 1968, es capaz de afirmar: «Creo que he obtenido por lo menos dos éxitos importantes: el haber iniciado la familiarización del público lector español con las partes más vivas y renovadoras de las literaturas extranjeras, y el haber contribuido a la fusión de las distintas tradiciones narrativas hispánicas», en Pueblo, 1968.
28 Véase Almanaque, por ejemplo el documento titulado «La novela novela», pp. 56-63.


*Publicado en Televisión y Literatura en la España de la Transición (1973-1982), Zaragoza, Institución Fernando "el Católico", 2010.



Ernesto Viamonte Lucientes es profesor de Lengua y Literatura Españolas. Autor de más de medio centenar de publicaciones relacionadas, mayoritariamente, con la literatura, y más concretamente con el siglo XVIII español -Luzán, Josefa Amar y Borbón, La Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País...- y la narrativa contemporánea -Benedetti, Cebrián, novela de la Transición...-. También tiene trabajos sobre el fomento de la lecto-escritura y la ciudad de Zaragoza. Entre ellos destacan Don Tomás Fermín de Lezaún o La novela aragonesa (1973-1982), en colaboración con Isabel Carabantes. Pertenece al grupo de trabajo de la Universidad de Zaragoza "Pensamiento crítico y ficciones en torno a la Transición". Actualmente está anotando la edición de la última novela de Pío Baroja, Los caprichos de la suerte, que prepara José-Carlos Mainer.



*Podéis leer nuestra recomendación de cine "El cónsul de Sodoma" en el siguiente enlace, donde Carlos Barral es interpretado por Josep Linuesa.




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