martes, 25 de noviembre de 2014

HOY FIRMA: MARIO GRANDE. "MARGARIDA FERRA"



más que suerte de principiante


 



Margarida Ferra
Sorte de principiante
Editorial &etc, Lisboa, 2013.









Si tiene razón Camôes y Lisboa es una fundación del propio Ulises, ¿por qué no recorrerla trazando la figura de un arco tenso a punto de disparar la flecha? El arco sería, aproximadamente, la abrupta línea del tranvía 28E entre los barrios de Graça y Campo de Ourique, y la flecha, la larga cuesta abajo entre el jardín de Amalia Rodrigues y el Cais das Colunas. 

El curvo arco de Ulises parte de la plaza de Martim Moniz y sube por Graça para adentrarse en las estrechas calles adoquinadas donde apenas cabe el tranvía. Atraviesa Alfama y en vertiginoso descenso, la Baixa, para subir a Chiado por la esquina de Rúa Garrett, donde aguarda «A Brasileira», el largo Camôes y otra vez cuestas estrechas hasta llegar a Estrela, donde los edificios dan paso al frondoso remanso del Jardim  antes de que las vías lleven al Campo de Ourique. Castillo, Catedral, Parlamento entre callejas grises con puertas verdes y ropa tendida delante de los azulejos de las fachadas.
La flecha iría derecha al Cais das Colunas por donde volverá don Sebastián de su torbellino de arena para instaurar el buen gobierno. Será un día de olores mezclados, salgado Neptuno e dolce Tejo, de niebla tan espesa que nadie lo verá. Para meditar sobre la presencia del mar en la ciudad, que trajo desolación en una inmensa ola de pesadilla y desazón en los cargamentos de las naves que habían zarpado con velamen y bodegas repletos de quimeras.  

Alrededor del arco y la flecha, un cerco insalubre de blancuzcas barriadas tristes, todos los tonos del verde en el musgo, los líquenes, la hierba, los arbustos y los desordenados bosquecillos que jalonan las viviendas.
Al recorrer Lisboa, con sus casas de várias cores, que dijo Álvaro de Campos, también resuenan por todas partes varias voces de poetas. Natalia Correia, Manuel Alegre, Eugénio de Andrade, Sophia de Mello y sobre todos ellos, Fernando Pessoa. 
Y ahora, Margarida Ferra.

Los poemas de Sorte de principiante se desenvuelven por el suelo de la ciudad donde la poeta camina, viaja, vive. Iglesias, bancos, aceras empedradas, tranvías, semáforos, marquesinas, radares, túneles y cuestas configuran una topografía viva y cotidiana, sin mitos: «Ahora no hay quien me explique el mundo…» . Expresivo el consejo: «Usa del río para tus necesidades poéticas». Una ciudad sin forma, ni mapa «que nos ata los pies», «que tiene las paredes de aire forradas de azulejo barato o antiguo».  Una topografía reconocible por la huella que deja en la mirada. Una ciudad viva y vivida. Sin grandilocuencias, pero con hondura.            





Margarida Ferra capta sutilmente la experiencia atomizada que depara la ciudad a sus moradores, las vivencias fragmentarias y múltiples, desordenadas, nutridas de  semanas,  pasos, imágenes, esperas, trabajos, pensamientos en el transporte público, en las calles. No hay nostalgia ni mitos que consuelen o distraigan. Todo cuanto hay surge del día a día, que ella explora con mirada atenta, irónica y sabia.  

Lisboa en los versos de Margarida Ferra no es un tópos literario donde vierte las cuitas el poeta. Recuerda a Pessoa por su forma de vivir la ciudad en los detalles cotidianos, su manera de abarcarlo todo desde un punto y transformar en belleza el paso de los días. Pessoa desde la Rúa dos Douradores. Actualmente, la más abandonada de la Baixa. Casi deshabitada, con locales cerrados, sombría y destartalada, con manchones de humedad, desconchones y porquería acumulada. Ferra en continuo movimiento por la ciudad que nos deshumaniza. Ambos, en ese modo de hallar la maravilla en cualquier incidencia, en la sabiduría de la insignificancia, la identidad incierta, la impasibilidad, ese interlocutor o interlocutora que Ferra no desvela y es tanto la misma poeta multiplicada, en ocasiones, como un tú de multitud. Hermoso hallazgo. 

Si algo define a Ferra es su declaración de independencia: al desgranar su experiencia, la poeta decide, no contempla. Y, apartándose del discurso oficial o de la queja amarga, propone toda una estrategia de salvación personal en la que prima el verbo mezclar. Ferra rebosa vida en sus versos. 

Leerla y traducir la primera de las tres partes de Sorte de principiante me ha descargado de mucha gravedad acumulada como enamorado de Lisboa. Me ha hecho más fiel y más ligero. A Margarida Ferra, gracias. Y a ustedes, no se lo pierdan.




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