martes, 4 de noviembre de 2014

HOY FIRMA: AURORA SAURA. "TREINTA AÑOS SIN CORTÁZAR"



                               

TREINTA AÑOS SIN CORTÁZAR


     2014 es el año del centenario de Córtazar, pero muchos de nosotros recordamos también que murió el 12 de febrero del 84. Llevamos treinta años sin el “grandísimo cronopio”, como dice la placa conmemorativa en el lugar en que vivió en París.


© Vanessa Castaño



Unos años antes, en A fondo, el magnífico programa que dirigía y presentaba Soler Serrano (os aseguro que es verdad: nuestra televisión vivió mejores tiempos), oí a Cortázar por primera vez. Había leído casi todo lo publicado por él hasta entonces; había releído muchos de sus relatos cortos -como Sanchis Amat, yo también los prefiero a las novelas-; los había imitado… Pero nunca lo había oído hablar. Fue una especie de revelación: me pareció que entre sus narraciones y su expresión oral había un nexo muy profundo; entendí (en la medida de lo posible) por qué era tan frecuente que el cuento fluyera como si lo estuvieran contando oralmente, por qué me gustaba leerles a otros en voz alta muchos pasajes (palabra ésta, por cierto, muy querida por él). Además me enamoré para siempre del acento argentino, aunque las erres de Cortázar no eran precisamente porteñas. A propósito de todo esto, y por muchas más razones, recomiendo vivamente a quien no lo conozca La fascinación de las palabras, el libro de conversaciones con Julio Cortázar de Omar Prego, que publicó Muchnik en 1985.

 
     Ese mismo año leí  Salvo el crepúsculo, el libro del que tan acertadamente hablaba Víctor M. Sanchis Amat hace dos semanas -felicitaciones a él mismo y a La Galla ciencia-. Lo leí en los días de un proceso febril (literalmente), que tal vez era muy adecuado para aprehender este libro -releed, si lo conocéis, la cita de Marguerite Yourcenar del principio-. También amé -y amo- su poesía y la encontré, salvando las distancias, muy próxima en ciertos aspectos a mi primer libro, que estaba a punto de publicarse. Como podéis suponer, esta impresión me alentó mucho; también le debo esto.



    Después de la muerte de Cortázar he escrito varios poemas relacionados  con él. Sólo he publicado dos (los otros no me han parecido muy logrados), que son los que transcribo a continuación.   

El primero apareció, con el título modificado, en Retratos de interior y fue escrito de una tirada el mismo día de su muerte, en un estado febril (este no literal) y sin conciencia clara de lo que iba saliendo -¿escritura automática? No sé- y el segundo pertenece al libro De qué árbol; en él la palabra “figura” se emplea en sentido cortazariano  y lo del “broche escandinavo” se debe a que tengo una reproducción de esta antigua joya vikinga y  es uno de los objetos más armónicos que conozco.

Aquí tenéis los poemas:
 


JULIO  CORTÁZAR HA MUERTO EN PARÍS


Obscuro alumbra el sol. Por los caminos
una neblina fría va enturbiando
el verdor de los árboles, la música,
nuestra distancia de París tan lejos.

Debes pintar de tiza obscura la rayuela,
hundir los ojos secos en los bordes del agua,
cubrir las fotos viejas con las manos vacías.
Bajo un cielo perdido se cruzan desde ahora
todos los parques, juegos, veranos y señales.
Se cruzan con nosotros las tardes y los sueños,
las horas de la magia.

Pinta de tiza negra tu rayuela. Y llora.
Y vente a ver el mar.
París está muy lejos.

                 (del libro Retratos de interior)



 © Vanessa Castaño



UNA “ FIGURA” PARA JULIO CORTÁZAR


La palabra armonía es un dibujo curvo,
una trama de líneas de perfección redonda.
Comienzo su silueta
con el cuidado atento con que talla el orfebre
el metal y la piedra.

La palabra armonía es un juego de arcos,
un broche escandinavo
que estoy viendo enhebrarse en el aire de Julio.

He empezado a trenzar, con el dedo y los labios,
los compases primeros,
el principio del círculo.
Pero, en alguna parte,
con ojos obstinados,
el niño que tú eras
está cerrando el último, el signo más perfecto.

                              (del libro De qué árbol)
  

Aurora Saura



Aurora Saura Bacaicoa nació en Cartagena y residió en Alicante la mayor parte de su infancia. Se licenció en Filología Románica en la Universidad de Murcia y es profesora de Instituto.
Aunque escribía desde muy joven, sólo empezó a hacerlo con regularidad en los últimos años setenta y no pensó en publicar hasta el ochenta y cuatro, en que dio por terminado su primer libro,“Las horas”, editado en 1986 por la Editora Regional de Murcia. Sus escritos en prosa (relatos breves, diarios...) permanecen en su mayor parte inéditos y ha publicado otros dos libros de poemas: “De qué árbol” (1991) “Retratos de interior”(1998) y "Si tocamos la tierra" (2012).
Ha colaborado en coloquios, lecturas poéticas, revistas literarias y libros franceses para estudiantes de Español.



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