martes, 20 de mayo de 2014

HOY FIRMA: JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ



Nuestro HOY FIRMA  de esta semana es un artículo especial. Y lo porque no está escrito para la ocasión, y porque además no sigue la estela de entradas anteriores; esto es: autores y obras, grosso modo. Jaime Gil de Biedma, Panero, Quasimodo, Juarroz, Poe…, serían algunos ejemplos.

Se trata de la trascripción de las palabras previas que el poeta José María Álvarez, a modo de presentación, dedicó a Amada García Puentes en su recital del día 6 de Mayo en el Museo de Ramón Gaya (Murcia).

Y las compartimos con los lectores de La Galla Ciencia porque consideramos que sus palabras bien podrían valer para muchos autores, no sólo para aquellos poetas que están empezando, sino también para otros más expertos en estas artes. Y es que los consejos que José María dio a Amada se convierten en un decálogo que mucho puede aportar a los que lo sigan (si se fijan).

Si bien podríamos haber adaptado del texto para convertirlo en algo menos “personal” (y haberlo titulado algo así como “Consejos a un joven poeta”, por ejemplo) hemos preferido hacer la trascripción literal. Se trata de palabras dirigidas a una persona en particular, cierto, pero creemos en la universalidad de los consejos que aquí se enumeran y, por tanto, el texto aparece tal y como se dijo durante la presentación.

Muchas gracias, José María, por permitir que publiquemos tus palabras y ojalá sean escuchadas toto orbe.






Presentar a un Poeta acaso es inútil, porque a un Poeta sólo pueden presentarlo sus versos.

Como mucho, y por parte de otro Poeta que ya sabe de qué va esto, cabe darle, digamos, la “alternativa”. Esto es: ya puedes torear sola.

¿Cómo lector?

Me gusta. Si no, no estaría aquí.


Pero no lo estoy sólo por sus versos, sino porque estimo profundamente a Amada García Puentes. Muchas cosas juntos, muchos viajes, muchas horas dichosas nos han unido tanto como para que sea… bueno… Viaja con mis libros y los prepara, podemos corregirlos donde sea. Y le debo a su trabajo haber acabado alguno.

Además, un poeta no debe aconsejar a otro en su obra. Quizá es el peor crítico, y cuanto mejor poeta sea, peor, porque menos verá “fuera” de su mundo. Lo único que se puede hacer es tachar lo que parece que sobra, nunca decir qué debe escribirse.

Pero lo que sí puede hacer un poeta de más edad y experiencia es aconsejar sobre los peligros del camino. Y ahí sí aprovecho para hacerlo.

¿Qué puedo aconsejarle a Amada García Puentes?



  1. Dudar siempre de haber conseguido algo que merezca la pena. Aun sabiendo que jamás se alcanza aquello que se ha soñado. Pero dudar hasta de lo conseguido con el mayor esfuerzo de que sea capaz. Y seguir dudando cuando sus lectores le digan que es bueno.
  2. En cuanto a la obra, ya lo dijo Hemingway: lo mejor que puedas, lo mejor que sepas.
  3. No pensar en lo que pudiéramos llamar el gusto del lector. Ella debe ser su único lector.
  4. Muy importante: no leer jamás –dada su actual indigencia intelectual- ni críticas ni suplementos culturales. Y si puede no leer prensa en general, mejor.
  5. Como decía aquella película inolvidable, ATLANTIC CITY, saber que el Arte no tiene nada que ver con la información, sino con la sabiduría.
  6. Saber que ella no es más que un eslabón más en la cadena de la Literatura. Que no tiene sentido sin todo el pasado y sin saber que el futuro sólo es que alguien, alguna vez, se emocione con sus versos. Le aconsejo que lea, que lea mucho, que haga suyos a los grandes de ese pasado.
  7. Por supuesto, que huya de todo localismo o sentimiento nacionalista, esas gangrenas del pensamiento libre.
  8. Que se aleje todo lo posible de las Universidades, hasta de las mejores, porque se han convertido en tumbas de lo que verdaderamente es la Literatura: son taxidermistas de la creación.
  9. Le aconsejo que se interese por otras lenguas. Ver cómo cambian los significados, el sentido de una palabra. Muchas veces hemos hablado ella y yo sobre “Luna”, que hasta en lenguas europeas modifica su género. Y eso es por algo. Que busque ahí.
  10. Esto es importante: si publica, que busque hacerlo en editoriales que no se entreguen a la publicidad, que hagas libros hermosos, cosidos, elegantes. La única publicidad digna es un lector emocionado que contagia su entusiasmo a otro lector.


Y ahora vamos a algo que es lo único nuevo de cuanto vengo diciendo: Internet.

Si a uno le publican sus libros, mejor. Pero limitarse a ese único, como ahora se dice, creo, “soporte”, pienso que es un error. Empieza porque limita a España el ámbito de conocimiento de una obra. Internet va a facilitarle poder llegar a todo el mundo, y en cualquier país hay lectores de poesía en español que jamás tendrían la posibilidad de leerla, porque -ni aun llegando a ser muy conocida- sus libros estarían en español en una librería de Mombasa o Shangai o Nebraska. Y si llega el momento en que la traduzcan por ejemplo al inglés o al árabe, igualmente puede dejar en Internet esas versiones. 


Internet es el medio más rápido de estar en todas partes y –lo más considerable- el más libre. Y no estoy hablando solamente de la censura que pueda imponer el gobierno de turno; ésta puede burlarse con cierta facilidad. Hablo de lo mucho más perversas e implacables ejercidas precisamente por gran parte de la llamada intelectualidad. Quienes deciden premios, quienes establecen las listas negras de aquellos que deben o no participar en una lectura o ser invitados a este o aquel congreso, o que sus libros se mencionen o no en cualquier medio: los que ordenan a quién “borrar de la fotografía”, según las viejas tácticas comunistas. Y eso son los mismos, bajo cualquier gobierno.

Pues bien: Internet permite “saltárselos”, romper toda barrera de intransigencia, dejar sus versos ahí, libres, para que quien quiera pueda leerlos. Lo que le aconsejo aquí es que deje “la bajada” de esos textos de forma gratuita.


En fin. No se me ocurren más consejos.


Y sobre lo que podíamos llamar “la vida del poeta”, nada puedo decirle que Amada no sepa ya: soledad, los ojos secos de leer, horas ante el mallarmeano vide papier, incomprensión de su entorno, hasta el más cercano. Y ahí, en el horizonte, Nada. Lo Desconocido. La apuesta contra algo que no conocerá: permanecer, o el olvido, que como Borges decía es una manera más rápida de llegar al mismo sitio.



José María Álvarez




© Joaquín Baños Rubio





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