martes, 29 de abril de 2014

HOY FIRMA: NATALIA CARBAJOSA. "RAE ARMANTROUT"







Quizá para un lector español el concepto de poesía experimental (esto es, no explícitamente narrativa o discursiva, no organizada en torno a un “yo” lírico reconocible y conocedor de todos los hilos del poema, centrada en la exposición de las trampas del lenguaje y abierta a que el lector complete la ausencia de contexto), todavía sea difícil de digerir. Y no porque no existan poetas, en nuestra lengua, que la practiquen: ahí están los ejemplos de autoras como Olvido García Valdés o Eli Tolaretxipi, entre otros muchos. Pero es cierto que la tendencia “oficial”, el cauce por el que discurren los principales premios, publicaciones y medios de difusión, está más bien del lado del poema de la experiencia, el “yo” omnipresente y pesaroso (por cuanto alienado del mundo) del romanticismo que, en sus más altas cotas, constituye una voz sublime; pero que al cabo de muchos años y múltiples procesos de domesticación, y aunque en pocos foros se reconozca, suena peligrosamente a déjà vu.


Algo de esto experimentó Rae Armantrout cuando, a finales de los sesenta, entró en la universidad con un puñado de poemas escritos en soledad bajo el influjo de Emily Dickinson y William Carlos Williams, aunque sin apenas estímulo intelectual externo, en los cuales ya apuntaba el estilo que caracteriza toda su obra. Se trataba de poemas minimalistas, hechos de retazos discursivos de los que nada se excluía por el hecho de no ser explícitamente literario (la frase oída al paso en la calle, el anuncio de televisión, el titular del periódico); poemas que empezaban a exponer la banalidad de la sociedad americana contemporánea pero sin pretensión evaluadora, sino únicamente con el afán de explorar dónde quedaba el sujeto (o más bien, en qué parámetros lingüístico/mentales fluctuaba) entre tanto estímulo superfluo; poemas que terminaron coincidiendo, en lo fundamental, con los presupuestos de la poesía del lenguaje y las teorías de la deconstrucción, siempre a posteriori; pero que, en el ambiente de los talleres literarios de la época, dominados por el poema post-confesional exento de la magia que Sylvia Plath o Robert Lowell le supieron imprimir décadas atrás, rozaban descaradamente el narcisismo per se, sin poco más que ofrecer. Las tendencias, no obstante, cambian muy rápidamente en los Estados Unidos, y algo ha cambiado en las últimas décadas para que una poeta como Rae Armantrout recibiera el premio Pulitzer en 2010. 



“Mi poesía tiende a avanzar en dos direcciones a un tiempo, hacia fuera y hacia dentro –por lo menos eso es lo que pretendo–. Me interesa el mundo y me interesa el lenguaje con que describimos el mundo. Me interesa lo que conocemos (o creemos que conocemos) y cómo lo conocemos. Quiero decir la verdad pero no estoy segura de si es posible conocer o decir la verdad. Mi duda y mi fe mantienen un mismo equilibrio.”A veces me inquieta la estupidez de las noticias en televisión o de los medios de comunicación de masas, pero en ocasiones lo que me inquieta es la belleza de una puesta de sol. Me inquieta tener una experiencia que no se puede articular. Creo que esa es la razón por la que escribo.” “Estamos acostumbrados a que los medios de comunicación nos lo den todo masticado; no queremos que el arte haga eso con nosotros también.” “La poesía puede calmarnos o hacer que permanezcamos de puntillas. Obviamente, a mí me interesa más lo segundo.” Son citas sacadas de una entrevista a Rae Armantrout en español. Ahí aparecen las inquietudes fundamentales de su quehacer poético: la más evidente de todas, la necesidad de expresar, con palabras no secuestradas por el bombardeo mediático, pero tampoco por la retórica de la poesía de otros tiempos y para otras urgencias, una experiencia; experiencia ya no ordenada por un “yo” único que, por mucho que así lo crea a tenor de sus vivencias, no está libre de las construcciones ideológicas y culturales que ha heredado en estas sociedades ultracomplejas y ultratecnificadas en que vivimos[1], y que Rae pone al descubierto mediante múltiples elementos: la estructura interna del lenguaje, las analogías con la ciencia, los sueños, las superposiciones inesperadas. Ahora es tarea del lector suplementar lo que falta, pero cuidado: sin acercarse al poema como si se tratara de un acertijo de una sola solución. Como el gato de Cheshire en Alicia en el país de las maravillas (y Armantrout denomina a su poética personal, precisamente, “a Cheshire poetics”), cada poema apunta a dos o más direcciones a un tiempo, sin que unas anulen a las otras. Feliz lectura.
















[1] Esta visión postestructuralista del sujeto como un constructo cultural, aunque él crea en su originalidad, me recuerda al inquietante episodio de la película Blade Runner en el que la replicante trata a toda costa de justificar su existencia a través de unas fotos de infancia que le han sido suministradas. Todos tenemos recuerdos, claro está. Pero hasta nuestra manera de recordar está mediatizada por el exceso de mensajes prefabricados, por toda esa “basura” propia de las sociedades postmodernas donde ya Baudelaire profetizó que había que hurgar, si es que el poeta quería seguir reclamando la validez de su quehacer poético como recinto de conocimiento y dignidad humana.






Natalia Carbajosa (El Puerto de Santa María, España, 1971), es Doctora en Filología Inglesa por la Universidad de Salamanca y autora de cuatro libros de poemas. Ha traducido al español obras de autores angloamericanos como H.D. (Hilda Doolittle, 2008), Scott Higtower (2012), la antología de poetas contemporáneas estadounidenses Mujeres a los remos (2012) y la primera parte de las memorias de Kathleen Raine (2013), en colaboración con Adolfo Gómez Tomé. También ha publicado un ensayo titulado Shakespeare y el lenguaje de la comedia (2009). Ha colaborado con el profesor de ciencia Juan Ortega en recitales sobre poesía y astronomía y con el cantante Antonio Arias, del grupo Lagartija Nick, autor de la canción sobre su poema “Desde una estrella enana.” Tiene un blog con artículos sobre poesía en la revista digital Jotdown y ha colaborado con otras revistas como El coloquio de los perros y Cuadernos del matemático. Poemas suyos han sido traducidos al inglés y al rumano.



*Puedes acceder a la traducción inédita a cargo de Natalia Carbajosa pinchando aquí.






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