martes, 25 de marzo de 2014

HOY FIRMA: DAVID PUJANTE. "CINCO CARTAS DE JAIME GIL DE BIEDMA A JACOBO MUÑOZ"



CINCO CARTAS DE JAIME GIL DE BIEDMA A JACOBO MUÑOZ (1962-1963)[1]


La Caña Gris. Revista de Poesía y Ensayo se publicó en Valencia entre 1960 y 1962. Fueron 8 números, en 5 volúmenes; y con el paso del tiempo, a la vista de la reedición de toda ella que debemos a Renacimiento[2] (incluidas las palabras preliminares, Cuarenta años después, de Jacobo Muñoz), se nos evidencia que todo estaba encaminado al homenaje a Cernuda que constituye el último volumen, los números 6, 7 y 8 de la revista. Con él termina la andadura de una publicación que hoy es historia de la literatura especialmente por ese volumen final. Sabemos que hubo diseñador de la estrategia: La correspondencia, a Jacobo Muñoz de Veiga, Cirilo Amorós, 18.

Hoy, Jacobo Muñoz, aquel joven poeta entusiasta de la filosofía, cuarenta y tantos años después, tiene el gesto de entregar a la publicación algunas cartas relacionadas con aquellos momentos; unas cuantas cartas que complementan y sirven de apéndice a una historia ya bastante bien conocida por mediación del epistolario del poeta de La realidad y el deseo, pero que en este caso ponen el acento en otro de los protagonistas del evento, el devoto admirador cernudiano Jaime Gil de Biedma.

El Homenaje a Luis Cernuda se publicó en el otoño de 1962. Para él, Jacobo Muñoz les pidió colaboración a algunos nuevos y jóvenes poetas hoy convertidos en clásicos, entre los que estaba Jaime Gil de Biedma. Eran y son poetas de la llamada Generación del 50. Aunque no todos participaran en el homenaje (sólo aquellos a los que logró pedir colaboración Jacobo Muñoz), Cernuda se convirtió en el poeta guía de la mayoría de ese grupo de poetas de los comienzos de la segunda mitad del siglo XX; y aunque algunos de los más cercanos a Cernuda cambiaron mucho, en muchas cosas, con el paso de los años, nunca lo hicieron en esa fidelidad concreta. Pensemos en Valente, en Brines, en el propio Gil de Biedma.

La primera de las cartas que ahora se publican, aunque fechada en 1961, sin duda es de enero de 1962, como se desprende de su contenido. En ella Gil de Biedma acusa recibo de la invitación de Jacobo Muñoz a participar en el homenaje y manifiesta su “más profunda admiración, literaria, intelectual y moral” por el poeta Cernuda. Lamenta que diversas circunstancias le hayan impedido participar en el especial de La Caña Gris; aunque sabemos que, en virtud de la demora que hubo en la publicación del homenaje (larga demora que será objeto de atención en otra carta, por la impaciencia cernudiana), Gil de Biedma acabó colaborando, con su trabajo El ejemplo de Luis Cernuda.
  
La segunda carta, de noviembre del mismo año 62, es la más breve de todas las que aquí se publican y, en ella, Gil de Biedma nuevamente acusa recibo, pero ahora de la llegada a sus manos del Homenaje ya impreso. El resto del contenido de la carta es personal, testimonio del inicio de un acercamiento amistoso con Jacobo Muñoz, a quien ya no volverá a llamar de usted en cartas posteriores.
La tercera carta, de febrero de 1963, cuando ya tiene andadura el Homenaje, vuelve sobre el pasado y sobre cierto rasgo de carácter bien conocido del personaje Cernuda. Según da a entender la carta, Jacobo Muñoz ignoraba que Cernuda se hubiera incomodado, y no sólo impacientado, ante la tardanza de la  publicación del volumen de La Caña Gris, para el que el propio Cernuda había movilizado o indicado la participación de Octavio Paz,[3] Carlos Peregrín Otero,[4] Derek R. Harris[5] y Robert K. Newman.[6]

De la impaciencia, Jacobo Muñoz tuvo puntual conocimiento por frases como: “Sus noticias sobre el número me interesan y avivan mi curiosidad. Ya veo que su aparición va a demorarse.”[7] (Carta de Cernuda, de 22 de febrero de 1962); “Carlos Otero me envió ayer la lista de colaboradores del número, así como la noticia de que éste se presume que esté listo en abril. Ya veremos.”[8] (Carta de 30 de marzo de 1962); “Había llegado a pensar que el número de la revista, en proyecto, era una broma. Otra vez le pido que me disculpe. Ya ha oído que soy persona «antipática, fría, etc., etc.»” [9] (Carta de 24 de agosto de 1962).

La razón del retraso (aparte los problemas propios de la publicación, en la España de entonces, de un homenaje a un poeta tan señaladamente contrario al régimen y con el baldón añadido de su condición sexual manifiesta en su poesía) estuvo también en las demoras que hubo en la entrega de las colaboraciones. Por confesión telefónica de Francisco Brines, con quien he comentado este asunto, sé que él fue de los que más se retrasó, en parte por su bisoñez en la escritura crítica, y en parte por lo que jocosamente llama entre amigos su pecado capital de la pereza.

El supuesto incomodo cernudiano por la tardanza del homenaje prometido se manifestó en carta a Gil de Biedma: la carta que Valender publica como 1013 en su Epistolario. 1924-1963 de Luis Cernuda.[10] Y Jacobo Muñoz, a toro pasado, tuvo noticia terciada (según nos informa la carta de Biedma que aquí se publica) por “la delicada indiscreción de los señores de Velintonia”, es decir, Vicente Aleixandre y Carlos Bousoño. Indiscreción que no se habría podido dar (como reconoce él mismo en su carta) si el propio Biedma no llega a airear el comentario de Cernuda, dándole una importancia que no tenía: “no sé si debo acusarme yo también un poco, por haber aguzado un dardo inexistente.” Los hechos consumados y enterado Jacobo Muñoz, Jaime Gil se ve en la obligación amistosa y ética de mostrarle que no es para tanto el asunto (y en realidad no lo fue, si comparamos lo que Cernuda dice a Biedma con la ya mencionada carta de agosto del 62 dirigida al propio Muñoz). Para zanjar el malentendido, Gil de Biedma transcribe, en la carta que ahora consideramos, el párrafo “famoso”: famoso por haberse hecho público con la indiscreción, en primer lugar, del propio Biedma contándolo, y luego, del entorno de Aleixandre transmitiéndolo al directamente implicado Jacobo Muñoz.

Sin duda estas tormentas en vaso de agua pueden ser importantes en su momento, pero pierden todo su valor con el paso de los años. Aunque en este caso corroboran el desencuentro naciente entre Aleixandre y el grupo barcelonés, que aparece, por ejemplo, en la siguiente anotación de 1 de abril de 1962, hecha por José Luis Cano y publicada en Los cuadernos de Velintonia: “Elogios a Paco Brines [por parte de Aleixandre] y a Carlos Sahagún. Éste le parece un chico puro, y un poeta auténtico. «Aunque de ideas comunistas, su independencia de criterio se muestra al no estar dispuesto a seguir al grupo catalán ni a aceptar su poesía como buena.»”[11]

Gil de Biedma se muestra inseguro y dubitativo en la parte final autógrafa de esta tercera carta, lo que nos indica el alcance de su devoción cernudiana.

La cuarta carta (dejando aparte los aspectos personales, que no requieren ningún tipo de explicación, y que muestran el escalonado ascenso en la relación amistosa de Gil de Biedma, en ese momento, con Jacobo Muñoz) es una carta especialmente interesante porque nos permite conocer una versión previa (aunque ya muy elaborada) de un poema que aparecerá en Moralidades, el titulado Volver. Me permito poner en negrita las variantes con respecto al texto definitivo que todos hemos leído:

Mi recuerdo eran imágenes,
en el instante, de ti:
esa expresión y el matiz
de tus ojos.., algo suave

en la inflexión de tu voz,
y tus bostezos furtivos
de lebrel que ha maldormido
la noche en mi habitación.

Volver, pasados los años,
hacia la felicidad
— para verte y recordar
que yo también he cambiado.


Transcribo a continuación el texto publicado en Moralidades:

Mi recuerdo eran imágenes,
en el instante, de ti:
esa expresión y el matiz
de los ojos, algo suave

en la inflexión de tu voz,
y tus bostezos furtivos
de lebrel que ha maldormido
la noche en mi habitación.

Volver, pasados los años,
hacia la felicidad
— para verse y recordar
que yo también he cambiado.[12]


Gil de Biedma era un poeta muy reflexivo respecto al terminado de sus poemas, nada dejaba al azar de la emoción poética o de la inspiración, dicho al modo romántico; por tanto estos pequeños cambios son sin duda significativos. La eliminación de los innecesarios puntos suspensivos, limpiando el texto, o la sustitución por el indeterminado de “un matiz”, dando así más amplitud al lenguaje de los ojos, nos indican el grado de apurado de su escritura poética. Y sobre todo el final cambio de “para verte” por “para verse”, que puede responder simplemente a una necesidad de descargar el poema de tanto “tú”: de ti, tu voz, tus bostezos; pero también puede pretender una mayor objetivación de expresividad lírica, tan cara a este poeta.

La última de las cartas, que es la más extensa de todas por las “ganas agudas de conversación” que declara tener el poeta para con su interlocutor epistolar, retoma el ya mencionado desencuentro del grupo de poetas de la Generación del 50 residente en Barcelona con el maestro Vicente Aleixandre. Aunque es notorio el afecto que profesaba Gil de Biedma a Aleixandre, las relaciones se habían enturbiado de alguna manera: en general, con el grupo de Barcelona (como constata la nota de Cano antes transcrita), y al parecer también en particular con el propio Gil de Biedma, más cercano que los otros a Aleixandre por bastante tiempo. El origen de la desavenencia personal parece nacer, según la carta, del artículo El ejemplo de Luis Cernuda, que había publicado el propio Gil de Biedma en el homenaje de La Caña Gris. Sabemos que a Cernuda le gustaron bastante las colaboraciones de los jóvenes poetas y no tanto las de sus compañeros de generación;[13] posiblemente a la inversa, tampoco gustó a los viejos poetas la actitud encendidamente pro Cernuda de la naciente generación poética, que indicaba cierta desatención hacia ellos mismos. No olvidemos la dedicación de Aleixandre a los nuevos poetas españoles y que su casa de Velintonia fue para todos lugar de peregrinaje y de buena acogida.

Si releemos desde esta perspectiva El ejemplo de Luis Cernuda,[14] las claves del posible enfado de Aleixandre se muestran de manera prístina.  La afirmación del magisterio de Cernuda para con la nueva generación se proclama contra el resto de poetas del 27. Dice ya desde muy pronto: “la poesía de los del 27, contra la cual ahora empezamos a reaccionar conscientemente”.[15] Aquí habla todavía Gil de Biedma de manera general, pero más adelante compara tres ensayos, de tres poetas de la misma generación, reflexivos sobre la propia obra de cada uno de ellos: Historial de un libro de Cernuda, El Argumento de la obra de Guillén y Mis Poemas mejores de Aleixandre. Al de Guillén lo califica de escolástico y al de Aleixandre de limitado, destacando el vuelo sin igual del de Cernuda, parangonado con Wordsworth o Arnold. Más adelante acusa de formalismo, de proceso de abstracción poética de sus experiencias personales, a todos los poetas del 27: “eso es lo que hacían los poetas del 27 y lo que, sin darse cuenta, hacen aún la mayoría de ellos”.[16] No sólo caen en el error, sino que lo perpetúan, en un limbo de ignorancia absoluta. Ciertamente el artículo se va encrespando constantemente. Gil de Biedma acusa a muchos jóvenes poetas de seguirlos, por estar obnubilados con los muchos logros que había alcanzado esa generación. “La ausencia de una revisión seria de los supuestos estéticos en que se fundamenta la poesía de los del 27, de una meditación acerca de los problemas específicos, […] que plantea la poesía que se intenta hacer se han traducido, como es lógico, en una falta total de forma en los peores, en los mejor dotados literariamente, en una inconsciente dependencia, en el plano teórico y en el plano formal”.[17]

Biedma propone al final de su artículo la búsqueda de una nueva tradición a seguir por los más jóvenes, “unos maestros a imagen y semejanza de los versos que intentamos hacer. En ambos respectos, Luis Cernuda es el ejemplo más próximo.”[18] Y el artículo termina explicitando con un mazazo lo que ya venía siendo presupuesto de todo el artículo, el afianzamiento del magisterio cernudiano frente al resto de su generación poética: “Cernuda es hoy por hoy, al menos para mí, el más vivo, el más contemporáneo entre todos los grandes poetas del 27, precisamente porque nos ayuda a liberarnos de los grandes poetas del 27.”[19] Incluso respecto a los más grandes poéticamente (entre los que naturalmente debe incluirse a Aleixandre), Gil de Biedma rechaza su magisterio, el de todos ellos. ¿Cómo no iba a molestar un artículo de este jaez al entregado poeta de Velintonia?

Podemos hablar de vehemencia, de torpeza juvenil o de carácter complejo, pero, tratándose de Gil de Biedma, en ningún momento de ingenuidad. Gracias a la carta que ahora nos permite conocer Jacobo Muñoz, escrita en junio de 1963, asistimos al ‘ajuste de cuentas’ entre los dos poetas. El inteligente Gil de Biedma inventa una excusa teórica: su cercanía poética al “carácter problemático de la experiencia moral” de Cernuda. La “visión totalizadora” de Aleixandre le queda más lejana. Aleixandre no está a la altura del astuto poeta barcelonés, e intenta convencerlo de que su “temperamento poético era más totalizador de lo que […] creía”.

La carta continúa con anecdotario personal cuyo comentario resulta una vez más innecesario; pero, al final ya, vuelve a mostrar interés filológico por la referencia a otro de los poemas que conformarán el corpus de  Moralidades, el que aquí denomina El viaje a Citerea y que acabará teniendo el nombre más redondo de Desembarco en Citerea,[20] uno de los más bellos poemas de Biedma, y que inevitablemente nos remite a la famosa pintura Pèlerinage à Cythère de Watteau. Gil de Biedma sólo somete a la opinión de Jacobo Muñoz una estrofa, la siguiente:


“Cuando vaya a dormir

a solas y muy tarde, la nostalgia

sucederá a la envidia y al deseo.

Nostalgia de una edad del corazón,

y de otra edad del cuerpo,

para soñar de noche en las playas

el mundo de dos en dos.”

La razón es una inseguridad respecto a la ruptura rítmica de los dos últimos versos: “Se trata de un conjunto de endecasílabos y heptasílabos que va a desembocar en dos versos de raíz distinta, uno de diez y otro de ocho sílabas. Quisiera saber si esa disonancia es demasiado fuerte para el oído”. No sabemos lo que Jacobo Muñoz le respondió, pero Biedma mantuvo esa disonancia, que le gustaba. La estrofa, como la conocemos definitivamente, es:

“Cuando vaya a dormir

a solas y muy tarde, la nostalgia

sucederá a la envidia y al deseo.

Nostalgia de una edad del corazón,

y de otra edad del cuerpo,

para de noche inventar en las playas

el mundo, de dos en dos.”

El acento ortográfico que introduce en el último verso carece de importancia poética, pero es interesante comentar el cambio en el penúltimo (en negrita). El pretendido decasílabo que transcribe la carta (podría considerarse endecasílabo), “para soñar de noche en las playas”, es duro, obliga a una sinalefa (entre “noche” y “en”) muy poco idiomática. Pero tampoco la solución endecasilábica definitiva se encuentra entre los mejores logros de la poesía de Biedma; aunque el milagro de la poesía hace que no importe, estando como está en un poema tan logrado en su conjunto. A veces un mal verso destruye todo un poema, pero no es éste el caso.

Agradezcamos, para terminar esta nota a las cinco cartas de Jaime Gil de Biedma que ahora se publican por primera vez, la generosidad de Jacobo Muñoz que nos permite conocer —como decía al comienzo— un último matiz de la importante relación de Cernuda con los poetas del 50, a través del significativo episodio de La Caña Gris.
Gracias, Jacobo.





[1] Este trabajo se publicó por primera vez en la revista Antaria. Poesía, artes visuales, narrativa, pensamiento, 3 (2005): 128-160.

[2] La Caña Gris. Revista de Poesía y Ensayo. Valencia 1960-1962, edición de Jacobo Muñoz, Sevilla, Renacimiento, 2002.

[3] Cf. Luis Cernuda, Epistolario. 1924-1963, edición de James Valender, Madrid, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2003, carta 962, p. 987.
[4] Cf. Ibídem, carta 948, p. 965, y carta 949, p. 966.
[5] Cf. Ibídem, carta 982, p. 1012.
[6] Cf. Ibídem, carta 949, p. 967.

[7] Ibídem, carta 982, p. 1012.
[8] Ibídem, carta 988, p. 1022.
[9] Ibídem, carta 1020, p. 1051.
[10] Ibídem, p. 1045.
[11] José Luis Cano, Cuadernos de Velintonia, Barcelona, Seix Barral, 1986, p. 154.

[12] Jaime Gil de Biedma, Las personas del verbo, Barcelona, Seix Barral, 1982, p. 99.

[13] Cf. Luis Cernuda, Epistolario. 1924-1963, cit., carta 1020, p. 1052.
[14] Cf. Jaime Gil de Biedma, “El ejemplo de Luis Cernuda”, en La Caña Gris. Revista de Poesía y Ensayo. Valencia 1960-1962, cit., pp. 296-300.
[15] Ibídem, p. 296.
[16] Ibídem, p. 299.
[17] Ibídem, pp. 299-300.
[18] Ibídem, p. 300.
[19] Ibídem, p. 300.
[20] Jaime Gil de Biedma, Las personas del verbo, cit., pp. 127-128.


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