lunes, 17 de febrero de 2014

"HOY FIRMA" LUIS ANTONIO DE VILLENA: Las raras poetas del 27.



Una buena antología de Pepa Merlo, Peces en la tierra. Antología de mujeres poetas en torno a la Generación del 27 publicada en Sevilla por la Fundación José Manuel Lara, nos pone ante un tema maltratado en nuestras letras recientes (mal tratado o casi ignorado) cuando los años 20 y 30 del siglo XX, el primer esplendor del 27, fueron años de emancipación de la mujer y en general de un claro, abierto y necesario feminismo. 



El 27 suele ser una nómina de grandes y regulares poetas (hay algunos regulares cobijados a la sombra de los muy grandes) prácticamente todos varones. Se suele citar a Concha Méndez, pero mucho más por mujer y compañera de Altolaguirre que por su propia obra lírica de mujer independiente, que quizá bajó algo cuando conoció al hombre al que dedicaría su vida. Pese a su fama en vida, también se suele citar a Carmen Conde, pero no será malo recordar que pocos la tuvieron (pese a su no escasa presencia) por una poeta excepcional. Claro que se cita a Rosa Chacel, pero ella misma decía que ante todo era prosista, y que su poesía era ocasional y aún se la había “prohibido” a sí misma por no estar muy de acuerdo con los
cánones líricos del momento. Y finalmente se habla asimismo (pero nunca dejan el segundo plano) de Josefina de la Torre, con una carrera ocasional, relativamente truncada en lo poético –no en su vertiente de dobladora de personajes como Marlene Dietrich- y de Ernestina de Champourcin, esposa de José Domenchina, ambos tocados por cierto sambenito de pesadumbre y no altas cotas. ¿Hay en la época, tan rica en mujeres atrevidas y dispuestas a luchar por sus derechos, poetas de la altura de Cernuda o del primer Guillén, por ejemplo? Creo sinceramente que no. Las mujeres brillaron en la política (Victoria Kent, Clara Campoamor), en el ensayismo (María Zambrano, Margarita Nelken) y en la prosa (Rosa Chacel o María Teresa León) pero esos niveles, en términos generales, no los alcanzaron en poesía. Lo cual no debe, ni mucho menos, conducirlas al silencio o a las filas postreras. Pero si la antología de Pepa Merlo sirve de algo más que de recordatorio e intento de categorización, es porque recupera nombres olvidados o nunca muy conocidos, superiores (al menos en lo antologado) a muchas de las nombradas. Y no hablo de Cristina de Arteaga (¡cuántas aristócratas en este florilegio!) ni de la ya oficialmente recuperada Lucía Sánchez Saornil, sino –para mí ha sido la gran sorpresa, tanto que espero indagar más- de Elisabeth Mulder (1904-1987) de padre holandés y madre puertorriqueña, pero española, viajera y modernísima, que escribió poemas tan fulgurantes (en el libro de 1929 “Sinfonía en rojo”) como “Rebeldía” o “El pulpo”.

                               Si he de morir, Señor, que sea matando,
                              como muere el soldado en la batalla!

                                                                   
Claro que el 27 estuvo lleno de mujeres y muchas extraordinarias, el problema parece plantearse sólo en el terreno estricto de la poesía. Están a la altura de Hinojosa, de Prados o del mismo Altolaguirre, pero no llegan a Lorca, ni a Cernuda, ni al primer Guillén , ni a Aleixandre, ni al Alberti más fino… No llegan a la cima, pero si a notables alturas. Y sobre ellas ha caído (y eso es lo que no merecen) un incomprensible y muy machista olvido. Todo hay que curarlo. Y además (excusen el recuerdo) está Elisabeth Mulder, traductora, poeta excelente y autora de un libro en prosa titulado “La isla de Java”. ¿No les tienta?.




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