domingo, 9 de febrero de 2014

HOY FIRMA: CRISTINA MORANO: "SERIE ESCRITORAS".




Anne Carson escribe en "La belleza del marido"
como última consideración 
acerca de su vida conyugal:
Lo amé por su belleza.
Para un hombre tan intelectual, tan culto
que en sus ratos libres discutía los detalles
de la batalla de Borodino,
ser considerado una belleza 
-un cuerpo, un objeto, un animal-
debió ser una verdadera,
última, seminal, terrible ofensa.
Sin embargo:
Y volvería a amarlo si lo tuviera cerca.
La poesía no estaba en la venganza:
Este es mi consejo/ retén./ Retén la belleza.

Cristina Morano
10.12.13





HERTA MÜLLER, EL REY SE INCLINA Y MATA






¿Cuánto de nosotros compartimos con el policía?
El idioma, la tierra, la casa. Para Celan
("¿es todavía dulce para ti, madre...?"),
para Herta, el verdugo y el policía son sus hermanos
su familia, su patria. ¿Para quién
somos nosotros policía?
Cada uno de nosotros, ¿a quién
vigilamos?. Herta Müller ponía un cabello
en el marco de la puerta antes de cerrar,
y en las cartas que enviaba fuera de Rumanía.
Si el cabello caía al suelo, significaba
que la policía había estado en su casa;
si la carta no llevaba cabello a su destino
era el policía quien antes la había leído.
Herta, Celan. No es cierto que existan
palabras para todo. No, porque las palabras
también estaban en manos de la policía.
¿Para quién

somos nosotros policía?


Cristina Morano
15.12.13

JEAN RHYS, ANCHO MAR DE LOS SARGAZOS






Aunque haya nacido salvaje, una chica dura
puede prosperar y encontrar el equilibrio
si pacta con el sistema.
Su nombre es entonces Jean Eyre,
le acompañan las tormentas y la redención del mundo.
Pero Jean Rhys se pregunta qué sucede
cuando una chica dura no pacta con el sistema.
Pensaba, horas y horas y horas.
Me sentí más audaz, más feliz, más libre.
Pero no me sentí más segura.
Antoinette, la primera señora de Rochester,
sale del caribe acompañada de sus muñecas vudús
y sus sirvientas criollas, mitad cocineras,
mitad sacerdotisas. La noche es una orquídea
salvaje en su sangre.
Quiere follar y correr por sus posesiones.
Su esposo (Inglaterra) la encierra en el castillo.
En lo más hondo del castillo negro
hay un armario que contiene un vestido rojo
flor de fuego, Cogí el vestido rojo y me lo puse
contra el cuerpo: –¿Me da aspecto de mujer
depravada y sin castidad?, pregunté.
Está loca, dice el esposo.
Antoinette solo saldrá de allí con el fuego y con la muerte.
Su carcelero será perdonado por Jean Eyre
(pronunciese "air" como el aire inglés,
tan leve es la presencia del "yo" en la pobre Jean)


Cristina Morano
17.1.14

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