martes, 7 de enero de 2014

HOY FIRMA: CONSUELO ÁLVAREZ Y ROSA Mª IGLESIAS. "LUZ, AMOR, DOLOR, COLOR Y SIMILITUDINES"




Notas sobre algunos símiles de los Amores que Ovidio utiliza para hacer visibles sus sentimientos y los de su amada, y posibles modelos y adaptación de los mismos.


Palabras Clave: Ovidio, Amores, Similitudines.





El texto es hoy el único escenario
para representar ante mí mismo
imágenes cambiantes de mi vida
y fragmentos perdidos de mi idea
de lo que creo que fue la Antigüedad 


Porque compartimos la idea bellamente expresada por nuestro querido amigo Jaime Siles en “A. E. Housman acaba su edición de Manilio”, de Pasos en la nieve, queremos ofrecerle unas notas a algunos pasajes de los Amores de Ovidio a los que, sin duda, se les puede aplicar esa idea de que el poeta en su texto representa ante sí mismo imágenes cambiantes de su vida. 


El creador de los cambios, el transformador de géneros, el poeta que convirtió el poema épico que según las normas de la poética (Hor. AP 73) debía cantar res gestae regumque ducumque et tristia bella en un entrelazado de influjos de diversos géneros, en un intertexto de leyendas y narraciones, en un perpetuum mutabile, ya había ejercitado el arte de la transformatio en los Amores, lo que supuso la creación de una novedosa colección de elegías amorosas en las que la amada Corina, una puella fictionalis, es crisol de todas las dominae de los poetas que están sometidos al servitium amoris.
Uno de sus procedimientos compositivos para expresar la luz, el color, el amor y el dolor es la similitudo.
Como si intuyera la afirmación de H. Fränkel (Die homerische Gleichnisse, Göttingen, 1921, 103) de que el símil épico es “ein Fenster zur Realität”, una ventana a la realidad, Ovidio en Amores 1.5, 3–6, entreabre la ventana de su alcoba y utiliza un símil para hacer partícipe al lector de sus sensaciones, pues el mejor modo de percibir la amoenitas del lugar y del momento:

pars adaperta fuit, pars altera clausa fenestrae,
quale fere silvae lumen habere solent,
qualia sublucent fugiente crepuscula Phoebo
aut ubi nox abiit nec tamen orta dies.

“Parte de la ventana estuvo abierta, otra parte cerrada, cual la luz que más o menos suelen tener los bosques, cual tenue brilla el crepúsculo con Febo en fuga, o cuando la noche se ha ido y sin embargo el día no ha nacido.”

El políptoton, casi anáfora, de quale... qualia refuerza el juego aliterante que sirve para subrayar, con el resto de los sonidos de los dos versos, la casi luz–casi oscuridad de la estancia que, gracias a la comparación, es percibida como un locus amoenus.
En esa semipenumbra sestea Ovidio cuando irrumpe Corina en la estancia, vv. 9–12:

ecce, Corinna venit tunica velata recincta,
candida dividua colla tegente coma,
qualiter in thalamos formosa Sameramis isse
dicitur et multis Lais amata viris.

“He aquí que llega Corina cubierta con una túnica desceñida, cubriendo su blanco cuello su melena partida en dos, cual se dice que fue al tálamo la hermosa Semíramis y Lais por muchos hombres amada”.

Creemos que qualiter no es tan sólo el resultado del uso de una figura retórica, sino que está buscado para mantener el recuerdo del escenario que ha sido explicado con quale... qualia, lugar en el que destaca el resplandor de la joven, e incluso su actitud (que nada tiene que ver con las jóvenes pudorosas de vv. 7–8), pues el poeta compara el cuidado desaliño de su puella con el de mujeres especialmente famosas que se han convertido en paradigma de belleza, para que los lectores del poema no duden (no dudemos) de la hermosura de Corina: semejante a la reina babilonia Semíramis cuando se unía a Nino y semejante a la incomparable cortesana Lais. El humor de Ovidio es claro: Corina lo mismo es una reina que una cortesana. La alusión a las bellas mujeres del mito, de la leyenda o de la historia es un tópico de la elegía erótica; en este caso al mencionar a Lais, Ovidio rinde homenaje a Propercio 2.6, 1–2 (Non ita complebant Ephyraeae Laidos aedes,/ ad cuius iacuit Graecia tota fores), quien se hacía eco de tantos epigramas dedicados a esta hetera, en especial de los dos primeros versos del epigrama atribuido a Platón, Anth. Gr. 6.1:

Ἡ ζοβαρὸν γελάζαζα καθ΄ Ἑλλάδος, ἡ ηὸν ἐραζηῶν
ἑζμὸν ἐνὶ προθύροις Λαῒς ἔτοσζα νέων,

“La altanera objeto de risa en la Hélade, la que tenía un enjambre de jóvenes enamorados ante sus puertas, yo Lais”.

Y a través de ese homenaje a Propercio evoca tantos epigramas, que, como éste, contrastan la belleza y dominio sobre los hombres de la joven, frente a la decrépita cortesana en que se convirtió, para advertir a Corina que él puede ser el rey Nino y, por lo tanto, que ella mantendrá siempre el encanto del que hizo gala la reina, o uno de ricos los amantes de Lais, enumerados, entre otros, por Ateneo 13.588c–589a, Aristipo o Diógenes o Demóstenes, que despreciaron a la vieja Lais.
Muy distintos son los sentimientos que Ovidio transmite en Amores 1.7; ya no es un encuentro amoroso a la hora de la siesta sino la declaración de su arrepentimiento por haber pegado a la domina; describe el estado en que la joven se encuentra y, para que la audiencia perciba claramente su sentir y cuál es la apariencia de Corina, el poeta vuelve a valerse de símiles. Confiesa su furor por haber golpeado a su amada y, tras evocar las locuras de Áyax Telamonio y de Orestes, se centra en la belleza de Corina, que incluso tras haber sido humillada y maltratada físicamente sigue siendo hermosísima, y la compara, mediante talem y talis, con dos heroínas de la mitología, 13–16:

sic formosa fuit; talem Schoeneida dicam
Maenalias arcu sollicitasse feras;
talis periuri promissaque velaque Thesei
flevit praecipites Cressa tulisse Notos; 

“Así era de hermosa; tal que la hija de Esqueneo, diría, perseguía con su arco a las fieras del Ménalo; tal cual lloró la Cretense las promesas y las velas del perjuro Teseo, que los rápidos Notos arrebatasen”.

La referencia a la belleza de Atalanta es una confesión de que Corina ha tenido que correr, pero al contrario que la joven cazadora, no por perseguir a un animal sino por ser perseguida por el fiero amante; la comparación con Ariadna tiene una gran carga alusiva, pues en la mente de los lectores están las palabras de Catulo (64), en que la joven hija de Minos, sin cuidarse de su aspecto, muestra su dolor y decepción por haber sido abandonada en Naxos por Teseo, lo que indica ya no una violencia física, sino un maltrato psicológico.

Con una fuerte variatio, con el adverbio sic, continúa la comparación, siendo esta vez muy dura la imagen, ya que Corina es puesta en parangón con Casandra, cuando refugiada en el templo de Minerva es arrastrada por Áyax, el hijo de Oileo, quien comete así un nefando sacrilegio, según ya aparece en la Iliupersis de Arctino, recogida por Proclo, y también mencionan Pausanias y Quinto de Esmirna; tal deshonra la evoca en vv. 17–18:

sic, nisi vittatis quod erat, Cassandra, capillis,
procubuit templo, casta Minerva, tuo.

“así, si no fuera porque estaba con los cabellos sujetos con las cintas de sacerdotisa, Casandra se postró, virginal Minerva, en tu santuario.”

La gran violencia ejercida por Ovidio contra su amada es evidenciada por otro símil en los versos 51–52, donde el lamentable aspecto que presenta la lacerada puella, después de que Ovidio le ha tirado del pelo y arañado sus mejillas, es comparado, mediante qualia, con el mármol de Paros:

Adstitit illa amens albo et sine sanguine vultu,
caeduntur Pariis qualia saxa iugis;

“Se detuvo ella fuera de sí y sin sangre en su blanco rostro, como las piedras que se cortan en las colinas de Paros”.

Es interesante destacar que el modelo del símil, en este caso no épico, sin duda hay que buscarlo en Teócrito 6.38: λεσκοηέραν αὐγὰν Παρίας... λίθοιο (“brillo más blanco que el de la piedra de Paros”), a quien, si bien en un contexto totalmente distinto, siguió Hor. Carm. 1.19, 5–6: urit me Glycerae nitor/ splendentis Pario marmore purius (“me abrasa el resplandor de la brillante Glícera, más puro que el mármol Pario”). Con todo, la lírica griega, tal como señala E.G. Wilkins (“A Classification of the similes of Ovid”, CW 25, 1932, 76), podría haber provisto a Ovidio de un modelo temático, pues Pind. Nem. 4.81 presenta como objeto de comparación una estela, no una mujer: ζηάλαν... Παρίοσ λίθοσ λεσκοηέραν (“una estela más blanca que el mármol Pario”).

Otro nuevo símil, dentro de la misma elegía, es el que se desarrolla en los versos 53–56 para, mediante ut, hacer más comprensible cómo tiemblan los heridos miembros de la joven comparados con las copas de los álamos, la caña y la cresta de la ola, movidas por los distintos vientos:

exanimis artus et membra trementia vidi,
ut cum populeas ventilat aura comas,
ut leni Zephyro gracilis vibratur harundo
summave cum tepido stringitur unda Noto;

“su cuerpo sin vida y los temblorosos miembros yo vi, como cuando las copas de los álamos la brisa sacude, como con un suave Zéfiro se estremece la flexible caña, o cuando la cresta de la ola es rozada por el tibio Noto”.

Una situación similar, puesta en boca de la Danaide Hipermestra, pero sin que haya un maltratador, la vemos en Her. 14.39–40: ut leni Zephyro gracilis vibrantur aristae,/ frigida populeas ut quatit aura comas (“como con un suave Céfiro las flexibles espigas se estremecen, como la fría brisa agita las copas de los álamos”), donde, si aceptamos la posterioridad de Heroidas con respecto a Amores, el poeta refunde los vv. 55–56 de esta elegía 1.7. En ambos casos el símil es de clara raigambre iliádica, pues en Il. 2.144–149 y en 7.63–66, hay semejanzas de las comparaciones, si bien con la diferencia en cuanto a lo que se compara, ya que en Il. 2.144–149 es toda una asamblea la que sufre el movimiento tras las palabras de Agamenón y en 7.63–66 son el conjunto de Aqueos y Troyanos, al sentarse para oír las palabras de Héctor, los que asemejan tal movimiento. Y Ovidio adapta con gran maestría este símil épico para poner de manifiesto cómo tiembla su amada tras el furioso ataque del que la ha hecho víctima.
También el llanto de la joven maltratada es objeto de otra similitudo en 1.7, 57–58:

suspensaeque diu lacrimae fluxere per ora,
qualiter abiecta de nive manat aqua.

“Y, retenidas durante mucho tiempo, las lágrimas se deslizaron por su cara cual el agua al derretirse la nieve fluye”.

Una imagen bellísima para la que Ovidio tiene como modelo de nuevo un símil homérico, éste proveniente de Od. 19.205–209, en el que están también los vientos Euro y Zéfiro, con lo que podemos pensar que todo el pasaje ha influido en esta comparación y en la anterior; con todo, podría no haber sido una adaptación directa, sino con Theocr. 7.76 como intermediario: τιὼν ὥς... μακρὸν ὑθ΄ Αἷμον (“cual la nieve al pie del alto Hemo”).
No hay dolor, sino admiración por la belleza de la amada en cualquier situación, en 1.14, 21–22:

tum quoque erat neglecta decens, ut Thracia Bacche,
cum temere in viridi gramine lassa iacet.

“Entonces, incluso en despreocupada, era hermosa, como la
Bacante Tracia cuando, a la ligera, en el verde césped fatigada reposa”.

Corina, aun sin peinar, mediante ut y en un breve símil es comparada a una Bacante tracia, lo que constituye un tema muy repetido (ya en Cat. 64.61) en el conjunto de los símiles ovidianos.
En Amores 2.4, 8 Ovidio se confiesa fácil blanco para las flechas del Amor e ilustra su facilidad para dejarse enamorar con un escueto símil, introducido por ut:

auferor, ut rapida concita puppis aqua.

“Soy arrastrado como una nave empujada por impetuosa agua”

En Amores 2.5 el poeta deja salir de su alma sus quejas, porque ha sido testigo de la infidelidad de su amada, y se vale de un símil múltiple introducido por quale... aut quale... aut... aut... ille, que está asociado a una priamel, un procedimiento ya común desde Homero como W.H. Race (The classical Priamel from Homer to Boethius, Leiden, 1982, 27–28) pone de relieve, si bien no recoge ni Am. 1.10, 1–8, donde también se unen símil y priamel, ni Am. 2.5, 35–42:

quale coloratum Tithoni coniuge caelum
subrubet, aut sponso visa puella novo;
quale rosae fulgent inter sua lilia mixtae
aut, ubi cantatis, Luna, laborat equis;
aut quod, ne longis flavescere possit ab annis,
Maeonis Assyrium femina tinxit ebur;
his erat aut alicui color ille simillimus horum,
....et numquam casu pulchrior illa fuit.

“Como el cielo teñido por la esposa de Titono se sonroja, o la doncella al ser contemplada por su flamante esposo; como brillan las rosas entre los lirios mezcladas, o cuando la Luna se debilita con sus encantados corceles, o el marfil Asirio que tiñe la mujer Meónide, para que no pueda amarillearse con el paso de los años; muy semejante a éstos o alguno de éstos era ese color y ella nunca estuvo más hermosa por azar”.

Esta conjunción de priamel y símil la utiliza Ovidio para dejar muy claro cuál era el color del rostro de su amada cuando escuchó los reproches que le lanzó para recriminar su infidelidad; el modelo para este recurso se remonta a la épica homérica, si bien con intermediarios. En efecto, que aparezca el cielo sonrojado por obra de la Aurora es un tópico que arranca de Homero, pero que enrojezca una novia al contemplar a su marido proviene del Corp. Tib. 3.4, 29–34, si bien Lígdamo insiste en la oposición del blanco y el rojo:

Candor erat, qualem praefert Latonia Luna
et color in niveo corpore purpureus,
ut iuveni primum virgo deducta marito
inficitur teneras ore rubente genas,
et cum contexunt amarantis alba puellae
lilia et autumno candida mala rubent

“Su blancura era como la que ofrece la Latonia Luna y un color purpúreo en su cuerpo de nieve, como la doncella conducida por primera vez a su joven marido tiñe las suaves mejillas en su ruborizado rostro y cuando trenzan con amarantos las muchachas los blancos lirios y en otoño las blancas manzanas enrojecen”.

Y el propio Ovidio repetirá el tópico en Met. 3.483–485 y 4.331–333, como muy bien apunta A. Zingerle (Ovidius und sein erhältnis zu den orgängern und gleichzeitigen romischen ichtern, Hildesheim 1967, vol. I, 115).
Para el resto de las comparaciones es clara la influencia de Verg. Aen. 12.67–69:

Indum sanguine veluti violaverit ostro
si quis ebur, aut mixta rubent ubi lilia multa
alba rosa, talis virgo dabat ore colores.

“Como si alguien ha manchado el marfil indo con púrpura de sangre, o cuando enrojecen los blancos lirios mezclados con muchas rosas, de igual modo la doncella ofrecía tales colores en su rostro”.

Y también la de Prop. 2.34, 51–52: harum nulla solet rationem quaerere mundi/ nec cur fraternis Luna laboret equis (“Ninguna de éstas suele preguntar por el orden del empíreo ni por qué la Luna se debilita con los caballos de su hermano”).
Pero, en el origen del símil está el pasaje del libro IV de la Ilíada donde el teñido del marfil a manos de una mujer Meonia o Caria sirve para comparar los miembros de Menelao cubiertos de sangre, versos 141–142 y 146–147:

Ὡς δ΄ ὅηε ηίς η΄ ἐλέθανηα γσνὴ θοίνικι μιήνῃ
Μῃονὶς ἠὲ Κάειρα παρήϊον ἔμμεναι ἵππων·
...
ηοῖοί ηοι Μενέλαε μιάνθην αἵμαηι μηροὶ
εὐθσέες κνῆμαί ηε ἰδὲ ζθσρὰ κάλ΄ ὑπένερθε.

“Como cuando tiñe el marfil con púrpura una mujer Meonia o
Caria para el arnés de un tiro de caballos... así, Menelao,
se te tiñeron de sangre los bien formados muslos,
las pantorrillas y los bellos tobillos debajo”.

Con lo que es evidente que Homero proporciona el contenido del símil, pero no la motivación del mismo.
Cuando en Amores 2.9 Ovidio, que al principio ha suplicado a Cupido que deje de asediarlo puesto que ya lo tiene sometido, pero termina reconociendo su dominio, evidencia mediante un largo símil, introducido por ut... ut... sic, de qué modo siempre lo arrastra el soplo del dios del amor, en los versos 29–34:

ut rapit in praeceps dominum spumantia frustra
frena retentantem durior oris equus,
ut subitus prope iam prensa tellure carinam
tangentem portus ventus in alta rapit,
sic me saepe refert incerta Cupidinis aura
notaque purpureus tela resumit Amor.

“Como arrastra al precipicio el caballo de muy duro bocado a su dueño, quien en vano sujeta las riendas llenas de espuma, como un viento repentino devuelve a alta mar la barquilla que toca puerto con la tierra ya casi alcanzada, así a mí a menudo me lleva de un lado a otro la vacilante brisa de Cupido y el Amor de color púrpura vuelve a coger los dardos conocidos”.

Los dos temas utilizados, el caballo que no puede ser refrenado y el viento que aleja de su amarre a la barquilla, tienen su claro precedente en varios pasajes lucrecianos, en algunos de los cuales hay símil y en otros no: en De rer. nat. 4.901–902 con un exemplum intenta demostrar cómo pequeños corpuscula pueden maniobrar un gran cuerpo: quippe etenim ventus subtili corpore tenuis/ trudit agens magnam magno molimine navem; en 5.1316–1317, al hablar del arte de la guerra y presentar la utilización de los leones, describe el espanto de los caballos: nec poterant equites fremitu perterrita equorum/ pectora mulcere et frenis convertere in hostis, tema también recogido, con diferente motivación, por Ovidio; y en 6.1032, en forma de símil esta vez, al hablar del magnetismo y de la fuerza del aire, Lucrecio dice: quasi navem velaque ventus.
Si bien es claro el influjo lucreciano, también pudo haber buscado Ovidio su inspiración en Virgilio, pues en Georg. 1.512–514 leemos:

ut cum carceribus sese effudere quadrigae
addunt in spatia, et frustra retinacula tendens
fertur equis auriga neque audit currus habenas.

 “Como las cuadrigas cuando han huido de las barreras se lanzan a campo abierto y en vano tirando de las bridas es arrastrado el auriga por los caballos y el carro no obedece las riendas”.


Es evidente que no hay un modelo único de trabazón de los temas y menos aún del símil en su totalidad, ni en poetas griegos ni en vates romanos, por lo que la originalidad de Ovidio debe ser puesta de relieve.
Una originalidad que es constante en los símiles, pues sean cuales sean sus modelos, sus fuentes, en la mayoría de las ocasiones símiles épicos, a veces adaptados en la lírica griega o en la poesía latina anterior, él siempre los adapta al contexto amoroso y, siendo como es el praeceptor amoris, se convierte también en el maestro de la conversión de los recursos de géneros sublimes a la tenuis Musa; algo de lo que hemos querido ofrecer unas pinceladas.




María C. ÁLVAREZ & Rosa Mª IGLESIAS

Universidad de Murcia




*NOTA: El presente artículo apareció en la revista Liburna nº4 en Noviembre de 2011. Las autoras lo dedicaron al poeta y Filólogo Clásico Jaime Siles. Ahora, lo ceden a la revista La Galla Ciencia para nuestra sección de HOY FIRMA. Gracias a las dos por compartir con nosotros y nuestros lectores esas pinceladas de Ovidio y sus Amores.


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